Historias de Lobo.Cap XXII: Lobo y el mago

Otro viernes más. Pero no uno cualquiera, uno de los malos. Allí estaba yo, sólo en mitad de un bar que no conocía esperando a un tipo que no conocía. Como Frigo se estaba amariconando con su novia, y Cazo andaba en la búsqueda del santo y grial, a pico y pala con una amiga, me habían dejado sólo. Lo suya era buscarse una churri o alguien para entretenerme.

Lo primero no es tan sencillo. Mis opciones además se iban cerrando y mujeres que otrora no se resistían a mis encantos ahora se ennoviaban. Y claro, no está uno ya para buscar nuevas fuentes. Así que había optado por buscarme alguien con quien entretenerme y había pensado en Roman y en el negro. Ninguno estaba en la ciudad y mis opciones eran pocas, así que aproveché para quedar con un tío con el que jugaba a un juego online. No le conocía de nada pero alguna vez habíamos hablado para intercambiar estrategias de ataque.

Cuando comentamos lo de vernos de cañas supongo que los dos pensamos que el otro era gay. Pero en seguida confesamos nuestra heterosexualidad y decidimos emborracharnos como hacían los soldados romanos de nuestro juego.

Le dije que le esperaría en un sitio que me había recomendado él. Ví a un tipo entrar. Parecía normal. Sin más alardes. Se acercó a mi, y me preguntó si era Loboexterminador_10. Le contesté que sí y le dije entonces que el debía ser rompecráneos.

Y así empezó una conversación que primero trató sobre el juego online y después derivó hacia múltiples temas. Al principio se me hizo raro pero rápidamente conectamos y descubrí que aquel era un tipo interesante. Parecía un chaval suelto y animado. Además, no tenía novia pero sí muchas amigas, o eso decía.

-¿Te has acabado el cubata exterminator? –me preguntó. Aquello me hizo gracia. Era un apodo casi tan molon como lobo.

-Sí, pagamos y nos vamos –dije.

-Tengo una idea mejor –dijo rompecráneos -¿por qué no hacemos un sinpa?

Aquello me sorprendió. Hacía mucho tiempo que pagaba religiosamente mis consumiciones y me consideraba demasiado mayor para andar huyendo a la carrera de los sitios. Además, solamente nos habíamos tomado 3 copitas, a 5 euros cada una.

-Pues hombre, no es que me mole pagar, ¿pero es lo suyo no?. Además no están caras las copas –dije, intentando suavizar mi respuesta.

-Sí bueno, si no es un tema moral, es un tema de adrenalina. Es que me pone muchísimo la sensación de huir de los sitios. El momento previo de echar a correr y notar como se acelera mi pulso. Y además, ten en cuenta que al camareta cada copa le cuesta un euro. Al fin y al cabo solamente perdería 6…Y joder, además seguro que es garrafón. Venga, que estoy a punto de pirarme –dijo rompecráneos.

Medité un instante. Entendía los argumentos de la adrenalia. Yo a veces había sentido lo mismo, aunque mi naturaleza cobarde no me permitía demasiadas aventuras. Por otra parte, aquel bar habría sido montado por un tipo que pretendíría ganarse la vida honradamente. Moralmente me costaba asumirlo. Decidí que pagaría mis copas y le pediría que él hiciese lo mismo.

Me dispuse a sacar mi cartera para a continuación hablarle. En ese momento, ví que se giraba y empeza a correr hacia la puerta. Se me heló la sangre. Allí estaba yo, con la cartera en la mano siendo testigo de la huida de un tipo que llevaba toda la noche hablando conmigo. Noté los latidos de corazón de los que hablaba rompecráneos. Agarré la cartera, respiré rápidamente y sin mirar atrás me dirijí corriendo hacia la puerta lo más rápido que pude.

Corrí tan rápido que perdí la ubicación. Por lo menos debía llevar recorridos 20 o 30 kilómetros. Como mínimo. Me paré y respire ahogadamente. Notaba el alcohol en mi cabeza y la sensación de euforia. Joder, me sentía vivo, como casi nunca. Supuse que en ese momento la adrenalina fluiría con mis venas. Mi cuerpo debía ser ¼ adrenalina, 2/4 alcohol y ¼ agua.

Miré a mi alrededor. Todavía temía que el camarero me hubiese seguido. Me ubiqué y me descubrí a unas 5 manzanas de distancia. No había corrido tanto pero estaba lo suficientemente lejos. En ese momento me sonó el móvil.

-¿Dónde estás exterminator?- me preguntó rompecráneos. Le indiqué donde estaba y quedamos en un punto medio bastante más alejado del bar.

Nos encontramos al rato y decidimos continuar la noche. Aquella experiencia me había puesto las pilas y me ví dispuesto a todo. Entramos en una discoteca y pagamos nuestra entrada –esta vez sí-. Consumimos las copas y seguimos la noche.

-¿Te pido otra exterminator? – me dijo rompecráneos. Le contesté que sí y le acompañé a la barra. Allí asistí a un nuevo truco. Rompecráneos pidió su copa y le entregó dos papelitos arrugados que se suponían que era la entrada. Lo hizo justo después de coger las copas. Ya nos habíamos bebido la copa de la entrada y por tanto aquellos dos papeles tenían que ser o otras dos entradas o simplemente papeles. Me temí lo peor. Miré a rompecráneos preocupado. Me devolvió la mirada girando el cuello en dirección al piso de arriba. A continuación me dijo rápidamente que fuésemos al piso de arriba. Lo hicmos casi a la carrera, como agachando la cabeza entre la multitud. Aunque había mucha gente temía que el camarero pudiese vernos y mandase a dos porteros. Estaba convencido de que en ese caso iban a dialogar con nosotros más bien poco…

Estuve los siguientes treinta minutos acojonado esperando que alguien me agarrase de la chepa y me echase a patadas del garito. Y sin embargo no ocurrió nada. En esos minutos ví como rompecráneos no perdía la compostura y más bien parecía encantado con aquella situación. Definitivamente aquel tipo era un psicópata de la adrenalina, un enfermo mental.

Lo que acabó de corrobar mi impresión fue su siguiente truco. Todavía me pregunto que diablos pasó y todavía flipo con la situación más increíble que he visto en mucho tiempo.

Estábamos hablando cuando rompecráneos se fijó en dos tías. Estaban en la barra pidiendo dos copas y una de ellas parecía a punto de pagar. Se acercó a la que estaba buscando en su bolso, dispuesta a pagar. La tía sacó un billete de 50 euros y se dispusó a pagar al camarero. En ese preciso instante se acercó rompecráneos. Sonrió a la chica, dijo unas palabras y a continuación cogió el billete de 50 euros de manos de la tía, y les dijo “dejadme por favor que os invite yo a las copas”.

Pagó las copas, cogió el cambio, se lo guardó en el bolsillo y estuvo un tiempo charlando con las dos tías. La que había sacado el billete de 50 euros parecía hipnotizada. Algo absurdo, tan increíble que dudo que alguién se lo crea. Pero así fue. Aquel tipo había mezclado la magia, con el encanto, con algún truco de mentalismo. Al cabo de un rato se despidió con el teléfono de una de ellas y con su dinero.

Después de aquello, rompecráneos me invitó a una copa y esta vez si pagó. El primer gasto de la noche, eso sí, con dinero ajeno. Estuve el resto de la noche pensativo, fascinado por aquel tipo que era definitivamente un mago.

Al acabar la noche decidimos pillar un taxi. Le dije a rompecráneos donde iba y él le dió al taxista una dirección cercana. Me bajo yo antes me dijo. Cuando estábamos llegando a su destino me miró. Hizó un leve gesto señalando con la mirada la puerta y comprendí que aquello significa otro sinpa. Podía pagar o salir corriendo a varias manzanas de mi casa. Sabía que esta vez el riesgo de caer en manos de un taxista suponía 4 o 5 porrazos en la cabeza. pero ya puestos from lost to the river.

Acabé en mi casa después de correr como Usain Bolt. Mi corazón bombeaba tanta sangre que por un momento pensé que saldría por la boca. Me sentía vivo pero muy cansado. Miré mi cartera y comprobé que estaba intacta. Gasto: 0 euros, riesgo, muy alto. Aquella noche había sido memorable.

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HDL-Historias de Lobo. Cap XXI: la jefa de Cazo

Otro viernes más. Allí estábamos Cazo, Frigo y yo expectantes ante lo que debía ser el último capítulo de la historia que había comenzado dos meses antes entre Cazo y su jefa.

Todo comenzó un viernes cualquiera de borrachera. Para variar nos habíamos quedado Cazo y yo mano a mano. Uno de tantos que debía acabar a las siete de la mañana en un 24 horas o en su defecto en cualquier puesto ambulante donde daban bocadillos. Sin embargo, algo hizo cambiar la noche tras el típico mensaje ebrio de Cazo a su jefa. La susodicha, una cuarentona de buen ver y con muchas ganas de fiesta, había respondido a Cazo proponiéndole quedar en un after.

Así lo hicimos y para nuestra sorpresa la noche la acabamos en sendos apartamentos de sendas MILF o MQMF. Para los no iniciados, “Mother I will fuck” o “Madre que me follaría”. Aunque no tenían hijos valía el concepto para definirlas.

Lo que para mi fue una noche de aprendizaje y sabiduría, para Cazo se iba a convertir en una pesadilla. Su jefa desde aquel momento le llamaba a todas horas, buscando absorver su energía en lo que parecía una loca búsqueda del elixir de la juventud. Tres semanas después Cazo estaba simplemente exhausto de tanto sexo y nos pedía desesperado que le ayudásemos.

-Os lo juro tios, nunca crei que estaría cansado de follar, pero no puedo más. ¡Esta tía me exprime cada vez y encima luego pretende que trabaje! -dijo Cazo.

-Cazo, toda una vida follando poco y ahora te quejas por exceso. Lo tuyo no tiene explicación -dijo Frigo, riéndose a continuación.

-Os lo pido, necesito un plan para deshacerme de ella pero sin que afecte a mi curro, ¿alguna idea? -dijo Cazo.

Después de un rato largo de reflexión llegamos a idear un plan. La idea era utilizar a Frigo de cebo. La jefa debía encoñarse con él y después dejarla. Por desgracia, el plan falló estrepitosamente y un viernes después parecía que estábamos en un bucle.

-Joder chavales, esta tía es una auténtica máquina de follar -dijo Frigo-. Necesito deshacerme de ella como sea que a este ritmo me va a consumir todas mis reservas.

-Está bien, me sacrificaré por el grupo -dije, deseando formar parte de aquella bendita tortura.

-No, lobo, no estás preparado -me dijo Frigo muy serio.

-¿Qué? -pregunté.

-En serio Lobo, no te metas, es un consejo de alguien tan deseoso de pillar como tú -contestó Cazo.

-Ni de coña me pierdo yo esta oportunidad -contesté

Y hasta hoy…Se había repetido el bucle y yo también necesitaba deshacerme de aquella mujer tan absorbente. Allí estaba contándole a Cazo y Frigo que no podía más y que la jefa de Cazo me acosaba literalmente.

-Chavales, necesitamos un plan definitivo -dije.

-¿Y si nos hacemos pasar por gays? -preguntó Cazo.

-Déjate -contestó Frigo- que no quiero tocarte ni en broma.

-No, no, necesitamos a alguien capaz de saturarla -contesté.

-¿Roman? -dijo Cazo.

-No -dijo Frigo- demasiado correcto para ella. No se lo ligaría.

-¿El negro? -propuso Cazo.

-No está, pero creo que tengo la solución. ¿Tienes el teléfono de tu jefa a mano? -pregunté a Cazo.

Vimos llegar a la jefa de Cazo preparada para todo. Nosotros la observábamos desde lejos.La había citado a una hora fija y en un lugar del bar determinado con el objetivo de encontrar la horma de su zapato.

Se paró de golpe esperando que algo sucediese. Parecía confundida, sin entender quien le había mandado el mensaje para quedar en ese sitio. Aún así había picado el anzuelo.

Minutos más tarde entraba el feo por la puerta. Le habíamos citado en ese bar, diciéndole que una amiga nos había preguntado por él. La cara de la jefa de Cazo nada más verle no tenía precio. El feo, seguro de que aquella mujer estaba loca por él comenzó su habitual perorata. Sin tregua la encimó hasta el acoso. Finalmente la jefa accedió…Y es que en el fondo sabía que aquel tipo feo y plasta era su única opción.

Ambos se marcharon por la puerta, momento que aprovechó Cazo para citar uno de sus refranes favoritos:

-Quien a hierro mata a hierro muere.

 

 

 

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HdL-Historias de Lobo.Cap XX: Lobo y la amiga vampiro

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Otro viernes más. Esta vez iba a ser un mano a mano entre Cazo y yo. No sería la primera vez ni la última. Frigo había quedado con su penúltima novia y como en todos sus comienzos de relaciones estaba más bien ennoviado. Duraría poco, eso sí, pero mientras, mermaría la capacidad del grupo. Los ocasionales tampoco habían aparecido, cada uno ocupado en sus respectivos menésteres. Así lo pronunciaba el negro con el acento fuera de sitio, creyendo que lo hacía correctamente. Estaba en Indonesia de viaje, haciendo no sabíamos muy bien qué. Sus trabajos y sus viajes eran un misterio. Tampoco había aparecido Román y no era la época de Ramírez.

Así que tocaba un duelo a muerte entre Cazo y yo. Mucho alcohol y poca tía. Esa era la tónica habitual de nuestros bis a bis. Aquella noche no parecía distinta e incluso tenía un aspecto más lúgubre de lo habitual. El local estaba medio vacío, Cazo andaba especialmente callado y yo también me hallaba sumido en mis propios pensamientos.

A pesar de todo las copas iban cayendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Era aquella una tonta manera de emborracharse. La habitual por otro lado. Cuando nos dimos cuenta era casi la hora de irse. Debía quedar poco más de media hora para cerrar el local. En ese momento visitamos a una rubia entrar en el garito.

Se dirigió directamente a la barra haciendo eses, y se pedió un cubata. Le seguía una amiga. Concretamente una amiga vampiro. Tenía toda la pinta. Baja, más bien regordeta, morena de pelo y seguramente también peluda, con gafas de culo de vaso y con pinta de muy pocos amigos. La amiga era todo lo contrario, en todos los aspectos: rubia, más alta que ella, risueña, delgada y con una cara preciosa. Huelga decir que eran como la noche y el día.

Aquella era la típica relación basada en una extraña amistad donde la guapa se hace amiga de la fea, y ésta como pago del favor se atribuye la misión de protección y cuidado. Esa era la definición de amiga vampiro. Dicho en otras palabras, la típica pesada que no deja a su amiga ni un segundo y que está más pendiente de ella que de si misma. Como si no quisiese que se le acercasen los chicos, se colgaban de la víctima, en ese caso la rubia, como vampiros.

Sin embargo, Cazo y yo vimos la jugada con claridad. Era la última oportunidad de la noche y aquella rubiaza iba demasiado cocida para pensar. El problema sería la amiga vampiro, curtida en mil batallas.

No contaba sin embargo con nuestra tácticas y nuestro conocimiento.

-Pares –dijo Cazo.

-Nones -contesté.

A continuación ambos sacamos la mano derecha y ambos contamos.

-Mierda, ocho –conté.

-En efecto querido lobo, hoy te toca bailar con la más fea –dijo Cazo echándose a reír de manera estruendosa.

-Serás capullo –dije-como me toques mucho los cojones, te hago media cobertura y te dejo luego en manos de la amiga vampiro.

-Sabes que no puedes hacer eso. Esto es un pacto entre caballeros, y un amigo tiene el deber de proteger al otro de las amigas vampiros. Es la ley lobo –dijo Cazo.

-Razón no te falta. Pero démonos prisa, que el local cierra en breve, y la amiga vampiro parece que tiene ganas de irse –dije. En efecto, la amiga vampiro tenía cara de querer marcharse. Con la boca cerrada y las cejas bajas, tenía una cara que por sí misma daba miedo. Tendría que tirar de todo mi repertorio. Además, en ese justo momento no estaba bebiendo alcohol. Tenía una botella de coca-cola en la mano, lo cuál iba a dificultar aún más mi labor de protección de Cazo.

Me acerqué yo primero a la amiga, queriendo despistar, mientras Cazo intentaba bordear a la amiga vampiro en dirección a la rubia. Cuando la vampiro se quiso dar cuenta yo me hallaba justo enfrente de ella, con Cazo a mi espalda, y con la rubia en frente suyo. Eso suponía que la vampiro tendría que avanzar varios metros, zafándose primero de mi.

Estaba dispuesto a ponérselo difícil. Sin duda aquella era una oportunidad única para Cazo. La rubia iba borracha y era presa, no fácil, sino chupada. El único impedimento estaba justo delante de mí.

-¿Venís mucho por aquí? – pregunté. Necesitaba ganar tiempo. La vampiro no paraba de mirar a Cazo y parecía que se iba a mover de un momento a otro.

-No –contestó secamente. Tenían las mujeres vampiro la virtud de leer el pensamiento de los tios. Sabía perfectamente nuestro plan y estaba a la defensiva. También era capaz de oler la sangre y había detectado que Cazo iba precisamente a por su  amiga. Me preguntaba si aquella tipa también volaría.

-Ya. Pues es un sitio increíble, ¿conoces los cócteles de la casa? –pregunté, inventándome la primera tontería.

-No –volvió a contestar secamente-, no me gusta el alcohol.

A continuación comencé a soltarla un montón de estupideces sobre los cócteles. Mezclé mi viaje a Cuba, mi conocimiento de la plantación de hierbabuena y todo aquello que se me iba ocurriendo.

-Así que si mezclas el ron con una pizca de martini, algo de hierbabuena, tomillo y queso líquido te sale justamente la bebida que aquí llaman el cóctel de la vida –dije, casi pasando vergüenza por decir tantas tonterías.

La vampiro no dijo nada, más preocupada por su amiga que otra cosa. Detrás de mí escuchaba como Cazo hablaba y hablaba, acercándose cada vez más. No podía verle bien y no sabía si había comenzado el ataque.

Me di la vuelta para comprobarlo y vi que Cazo la tenía muy cerca. La sujetaba por la cintura y se acercaba a su oreja peligrosamente. De un momento a otro atacaría. Cazo era lento pero seguro, incluso en aquellas circunstancias de peligro total. Siempre se tomaba el ataque final con mucha calma.

De repente vi como la vampiro hacía un movimiento en dirección a Cazo. Casi me había superado por la izquierda. Había tapado la derecha apoyándome en la barra pero había aprovechado que me había dado la vuelta para intentar alcanzar a su amiga. Si llegaba a ella Cazo estaría perdido. La agarraría y se irían, y adiós oportunidad.

Piensa lobo, piensa, me decía. Decidí pensar con la ayuda del alcohol. Me acerque mi copa medio llena –veía la vida con optimismo- a la boca cuando divisé la solución.

Giré cuarenta grados, alcanzando casi a la amiga vampiro. Di un paso mirando en dirección a su pierna y echándome hacia delante la empujé volcando la copa sobre su cuerpo. Instantáneamente quedó empapada. En otras circunstancias y con otra tía aquello habría sido como una fiesta de camisetas mojadas, pero en esta ocasión era más bien como un maremoto: terrorífico. No mejoraba su aspecto, y más aún, su cara había pasada del color mala leche al color amarillo chillón. Temí por mi vida.

La vampiro seguía con su plan, pero rápidamente la intercepté. Aquel movimiento de la copa había sido clave.

-Perdóname de verdad –dije cogiéndola del brazo-. Déjame que te acompañe al baño.

-No, quita –masculló la vampiro, ya casi convertida en el mismísimo drácula.

-Si, insisto, déjame que te acompañe –dije, cogiéndola esta vez más fuerte del brazo, queriendo incluso hacerla daño. Era la vampiro desagradable hasta decir basta, y solamente el cogerla me produjo náuseas.

La vampiro cedió, ante mi fuerza, y ante la evidencia de que estaba empapada. Nos dirigimos, ya sueltos, hacía el baño. Tuve tiempo para mirar hacia Cazo con una sonrisa y hacerle un gesto con la mano con el pulgar hacia arriba. Mi brazo estaba en la espalda no fuese a ser que la vampiro lo viese y me lo arrancase de golpe.

La vampiro entró en el baño y yo me quedé fuera. Mas que esperarla estaba controlando la situación. A lo lejos vi como Cazo se abalanzaba a por la rubia con resultado exitoso. Era de preveer pero me alegraba por él.

La vampiro salió de la nada, como si se hubiese teletransportado. ¿Tendría poderes de verdad? Jamás había visto a una tía, ni siquiera a un tío, salir tan rápido del baño, después de que le tirasen una copa. Comprobé para mi disgusto visual que seguía mojada. Llevaba eso si papel en la mano.

-Nos vamos –me dijo.

-No mujer, vámonos a tomar una copa –le dije, intentando aguantar más la situación. Era capaz como buena amiga vampiro de cortarle el rollo a la rubia aunque se estuviese liando.

En ese momento la vampiro giró la cabeza en dirección al bueno de Cazo y les vió liándose. Su cara volvió a cambiar de color. Estaba vez el pálido total se había apoderado de ella. Era un color indescriptible, terrorífico. Volvió a hacer una mueca siniestra, como de dolor, angustia, ira y rabia. Algo espantoso. Temí nuevamente por mi vida. De un momento a otro se me abalanzaría sobre la yugular descubriéndome aquel mundo vampírimo que jamás había creído.

De repente echó a andar, casi corriendo, en dirección a Cazo y la rubia. Por lo visto parecía dispuesta a darme la noche. Intenté alcanzarla pero ella al fin y al cabo como vampiro prácticamente podía volar. Lo estaba constatando en ese mismo momento.

No podía sin embargo permitir que Cazo no culminase la faena. Me arranqué la cruz, que tenía en el cuello regalo de mi comunión de mi tia cristina, y sujetándola con fuerza avancé para interceptar a la vampiro. Solamente Dios podría asistirme en ese momento. Su ira era desproporcionaba y después de muchos minutos intentando contenerla me resultaba ya casi imposible.

A la carrera me dirigí hacia ellos yo también. La vampiro estaba cerca, muy cerca. Alcanzó a tocar a la rubia. Esta no se inmutó, iba demasiado borracha. Cazo la vió venir, pero se hizo el loco. Sabía que su única opción era que la rubia no viese a la vampiro. Si no sería el fin.

Yo me hallaba todavía a dos metros, demasiado lejos de la acción. Notaba la sangre en el puño. La cruz no me hacía daño, más bien al contrario me daba fuerza. Pero con todo, no iba a llegar. La vampiro estaba a punto de agarrar a la rubia, esta vez con fuerza y determinación. Entonces lo vi claro. Dios me había dado la señal para vencer al mal. La solución estaba en mi propia mano: la cruz.

-¡Berta! –grité dirigiendome a la vampiro que así era como se llamba- ¡coje la cruz¡

Mi cruz surcó el aire en dirección a la vampiro, cuyo nombre Berta acababa de llegar milagrosamente a mi mente. La vampiro se hallaba a menos de dos metros y Cazo y la rubia entre medias, sin notar nada.

Por algún motivo la vampiro se apartó y dio una zancada a su izquierda interceptando la cruz. Viví aquel momento con una pasión e intensidad jamás vistas. Agarró la cruz, que curiosamente no se quemaba en sus manos, y tuve tiempo de ponerme entre ella y Cazo. Le di un golpe rápido y le dije: “lárgate rápido, yo te cubro”.

Me acerqué a la vampiro con los brazos extendidos queriéndola dar un abrazo. De esa manera no se me escaparía. La vampiro miraba extrañada, estupefacta, sin dar crédito a todo aquello. El ancho de mi cuerpo, desde la mano izquierda hasta la derecha le impedía colarse en dirección a su amiga.

Yo me acerqué más y más hasta abrazarla con fuerza, casi con rabia, girándola 50 metros. Lo suficiente para que su amiga rubia no la viese y para que ella no viese a Cazo marcharse agarrado de la cintura con aquella preciosidad.

Fueron segundos, pero suficiente para darle un tiempo precioso que Cazo me tendría que pagar en copas. Muchas copas, porque me debía la vida. Le había evitado la ira vampírica que quizá sufriría yo en ese momento.

-¿Y  mi amiga? –preguntó la vampiro.

-Se ha ido al baño con mi amigo que la ha acompañado. Les esperamos aquí, si quieres –dije, esperando que me llevase la contraria.

-No, me voy a buscarla al baño que ya me he cansado de esperar .

-De acuerdo –dije, como resignado-. Por cierto, ¿que hora es?

La vampiro fue a ver la hora y aproveché para quitarle la cruz. La iba a necesitar para otra ocasión. Se agitó cuando se la quité casi bruscamente, pero no dijo nada. Solo pensaba en su amiga.

-Gracias por la cruz, y por una velada apasionante –dije–, y saluda a tu amiga cuando la veas.

Mi risa se oyó en toda el bar, ya vacío del todo y con las luces recién encendidas. Lo último que vi de la vampiro fue como se tapaba la cara evitando la luz. No sabía si se derretiría, pero tenía la certeza de que esa noche había conocido a una vampiro de verdad.

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Hdl-Historias de Lobo: Cap XVIII Frigo y la palabra follar

Previamente en Historias de Lobo

Otro viernes más. No paraba de darle vueltas al último artículo que había leído de uno de mis blogs preferidos.Concretamente a uno de los comentarios:”Un dia iba yo caminando de fiesta con mis amigos, y salio una chica de un bar, estaba buena y dije sin dudar: “Quieres follar”, a la chica ni la conocia pero ella me dijo si, me la lleve a casa, y complete la faena”. Llevaba más de una hora dándole vueltas a aquel asunto, ¿porqué todo es tan difícil?.

-¿Que me impide acercarme a aquella tía y preguntarle si quiere venirse a mi casa a follar? -pregunté a Cazo.

-Ni idea lobo, tienes unas preguntas tio, estas colgao macho -respondió.

Ramirez, al que le tocaba pasarse para actualizar nuestros dicos duros y pasarnos la que para él debiera ser nuestra serie fetiche, HIMYM, how I meet your mother, o como conocí a vuestra madre, estaba pensativo.

-En realidad nada -dijo Ramirez.

-Entonces ¿porqué no estoy allí mismo?, preguntando una por una a todas las tías del local -repondí.

-Bueno, sí hay un impedimento, pero es cultural. Y eso repercute en tu mente. En realidad tienes miedo. Tienes verguenza a hacer algo poco convencial -dijo Ramirez.

-Entonces si hay algo que me lo impide -dije.

-Claro que sí, pero es mental. Es una barrera que la sociedad ha puesto en tu cerebro. Por ejemplo, Barney de la serie que os comento no tiene esas barreras y entra a las tias con frases que nunca imaginarías -dijo Ramirez.

- Ya, pero eso es una serie y esta es la realidad -dije.

-Realidad sí, pero mira a Frigo, seguro que él no tiene problema en entrar a una tia y decirle por ejemplo “who is your daddy” -dijo Ramirez.

-Si claro, pero porque no tiene ni puta idea de inglés -dije riéndome.

Al instante entró Frigo por la puerta. Debía venir de quedar con una tía porque tenía el típico aire suyo de tranquilidad.

-Frigo, tenemos una apuesta para ti. ¿A que no eres capaz de entrar a una tia preguntándole directamente si quiere follar? -dijo Cazo, siempre dispuesto a provocar a Frigo.

-Por supuesto que soy capaz, pero dame tres copas -contestó Frigo.

La noche siguió su curso mientras debatíamos sobre lo divino y lo humano. En realidad hablamos de tías, filosofando, teorizando sin llegar a nada en claro.

-Dejémonos de palabrería -dijo Frigo- es la hora de la acción.

-Sorpréndenos frigopie -dije.

-¿Veís a aquella tía de ahi? ¿a la morenita bajita de grandes pechos? -dijo Frigo.

-Veo sus pechos solamente, no puedo mirar otra cosa -dijo Cazo, siempre al quite.

-Pues voy a entrarla pero no de esa manera tan ruda que me habeís propuesto -dijo Frigo-con más suavidad y gracia.

-Si ya, y nosotros desde la distancia nos lo creemos -dijo Cazo.

-Hagámos una cosa -dijo Ramirez-como sería muy cantoso que estuviesemos los tres detrás tuyo mientras la abordas, activa la grabadora del móvil.

-Genial idea -dije-. Luego escucharemos toda la conversación.

Frigo se lanzó al ataque, con una nueva copa en la mano. Aunque era un ligón de primer nivel, no le resultaba tan fácil decirle a las tías bravuconadas. Era más bien un ligón de carga ligera.Ponía su carita y poco más. Era de diálogo fácil. Tres comentarios, dos risas y un muerdo. Así funcionaba el bueno de frigopie, que no estaba acostumbrado a entrar a las tías a las bravas con cualquier frase ingeniosa-estúpida.

-¿Serías capaz de decir alto y claro la palabra follar? -preguntó Frigo a la morena de grandes pechos.

La cara de la morena era un poema. Había visto como se le acercaba un tipo atractivo pero no imaginaba esa pregunta.Por momentos parecía muda. Se sonrojo incluso y tardó varios largos segundos en reaccionar.

-¿Cómo? -dijo intentando reflexionar sobre aquella pregunta.Quería pensar que había escuchado mal.

-Sí, te quería pedir que dijeses alto y claro la palabra follar .Forma parte de un pequeño estudio psicológico sobre el comportamiento sexual de las tias -dijo Frigo, con mucho aplomo, como si aquello fuese lo más normal del mundo.

La morena parecía incapaz de decir la palabra y de hecho se negó.

-No, no me da la gana -reaccionó- ¿que clase de estudio es ese?

-Pues mira, un estudio que dice que las tias menos liberadas tienen tal complejo que no pueden pronunciar libremente esa palabra. Repite conmigo: FOLLAR.

-Claro que puedo decirla pero no me apetece -contestó la moreno.

-Pero vamos a ver, si no te pido que digas que vas a follar conmigo. Solamente te pido que digas la palabra follar, sin más -dijo Frigo.

La morena dudó por un momento.Al final y al cabo era una petición que tampoco debería tener muchos problemas.

-Bueno, mejor sí te lo voy a pedir. Casi mejor no digas la palabra y vente a mi casa conmigo. Y todo sin decirlo, ¿como lo ves? -dijo Frigo.

En ese momento la morena rió. Parecía como si aquel comentario la relajase. Finalmente se marchó con Frigo.

-¡Menudo cabrón! -dijo Cazo tras escuchar la conversación. Allí estaba Frigo recien salido de la faena, que según él había durado más bien poco.

- Así que le costaba más decir la palabra follar que de hecho follar en sí mismo, es increíble -dije.

-Nuevamente tengo razón-dijo Ramirez-. Es todo cultural. El acto en sí mismo es natural, forma parte de la naturaleza, pero decir la palabra para una tía es antinatual, es como reconocer que le gusta follar y que no le importa decirlo. Y hoy, desgraciadamente eso está mal visto.

-Interesante -dijo Cazo- Voy a aplicar la teoría, todavía que hay tiempo.

Cazo se acercó a una tia que estaba 4 metros detrás nuestro. No era bien parecida pero podía servir para un apaño.

-¿Serías capaz de decir alto y claro la palabra follar? -preguntó Cazo a la chica medio castaño y bajita.

-FOLLAR -dijo la tía.

Aquella respuesta rompió los esquemas de Cazo. Intentó acordarse de la conversación de Frigo y dijo:

-Ya has dicho la palabra, ahora solamente hay que aplicarla. ¿Vamos a mi casa? -preguntó inocentemente Cazo.

- ¿A follar? -dijo la tia.

-Si claro -dijo Cazo, saboreando ya el triunfo.

-¿Y no podría ser con tu amigo de la camisa verde? -preguntó.

Cazo se giró y vió a Frigo con una de sus horrendas camisas verdes. Se maldijo. Así que no era un tema dialéctico sino físico. Ya quedaba todo claro. Las teorías de Ramirez eran una gilipollez, como siempre.


 

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HdL-Historias de Lobo. Cap XVII: El negro y el rollito veloz

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Otro viernes más. Venía el negro y eso era una señal de diversión y risas. Además allí estaría también Cazo y Frigo, apoyando como siempre cualquier iniciativa que conllevase alcohol y/o mujeres.

Por lo visto, el negro venía de Japón y tenía varias historietas y anécdotas que contar. Mientras nos narraba sus aventuras me preguntaba porqué le llamaban negro. Alguna vez se lo había preguntado pero nunca me había respondido. Sospechaba que no lo sabía ni él. Es curioso sin embargo como a nadie le sorprendía que un tipo más blanco que la cal fuese apodado el negro. No me imagino el caso contrario, un negro llamado el blanco. Era una de esas cosas absurdas que por algún motivo se habían propagado en todos los grupos. No había un grupo serio sin “un negro”. Podía haber un toni, un charly o un Míguel, pero no era no mismo.

-“Si ie Yin a Mei” –dijo el negro pronunciando con claridad cada sílaba en un japonés muy rudimentario-.Ese es el nuevo concepto de la noche japonesa.

-¿Y significa? –preguntó Cazo que era un impaciente.

-Rollito veloz –contestó el negro-. Es un concepto revolucionario entre una juventud que cada vez tiene menos tiempo para ligar y que además ha evolucionado y ya no es como las generaciones de sus padres que eran muy tímidos y reservados.

-Sí,sí, muy interesante todo el tema de la cultura japonesa y tal –dijo Cazo-, pero vete al grano, ¿qué es?, ¿una nueva técnica de ligue?

-En efecto mi impaciente amigo. Hoy te enseñare la técnica y verás como el maestro aprovechando los conocimientos del sol naciente os vuelve a dar una lección –dijo el negro.

Era el negro un tipo un tanto fanfarrón, aunque lo hacía con gracia. Y a decir verdad tenía cierto éxito. A veces la cagaba en el último momento, pero como decía él eran gajes del oficio. Su lema era ligar o muerte. O todo o nada. Muy del gusto del Che.

El negro se apoyó en la barra a la vez que estiraba la pierna, impidiendo el paso a todo aquel que tuviese que pasar por aquel pasillo. A un lado del pasillo había varios grupos de tías y empezaba a ver clara la táctica del negro. Un bloqueo en toda regla. Hasta la fecha una táctica de lo más española que nada tenía que ver con el conocimiento oriental.

El negro esperó pacientemente a su primera víctima, mientras nosotros observábamos cómodamente instalados en primera fila, y con una buena copa en la mano. Pasó la primera mujer y para nuestra sorpresa la dejó pasar. Aquello no tenía mucha lógica a primera vista. Cuando la chica pasó por mi lado lo entendí todo. Era un trol. El negro no solía ser muy selectivo pero esta vez eran causas de fuerza mayor.

Cuando se acercaba la segunda tía a las posiciones del negro este volvió a estirar la pierna interrumpiendo el paso. A continuación le sonrió y preguntó:

-¿Rollito veloz?

La chica confusa no supo que decir e inmediatamente el negro volvió a preguntar lo mismo. Al cabo de un rato desistió y dejó pasar a la chica. Aquella táctica era cuanto menos divertida aunque en términos de efectividad era nula. Supongo que consistía en decirlo, y en ver si la tía era lo suficientemente espabilada para entender de qué se trataba. Pasaron sin embargo media docena de tías y ninguna entendió o quiso entender que era aquello de rollito veloz.

A la séptima sin embargo pasó algo. El negro eligió su víctima, la acorraló y a continuación soltó su frase. De lo que no se percató es que detrás de ella había un tío, que rápidamente ante el tapón producido por la pierna del negro reaccionó.

-¿Qué coño haces? –preguntó el tipo, con cara de malas pulgas.

-No es de tu incumbencia –contestó el negro, retador.

-Ya lo creo que lo es. Estás entrando a mi novia y te voy a partir la cara –contestó. Aquello pintaba mal y rápidamente Cazo y Frigo intervinieron. No era cuestión de que aquello llegara a mayores. Además, el tipo con malas pulgas tenía razón. Conseguimos entre todos apartar al tipo y tranquilizar al negro que estaba envalentonado y dispuesto a batirse poco menos que en duelo. No era el negro persona dada a recular y aunque no era especialmente fornido ni musculoso si era una persona resolutiva y valiente. Se había metido en bastantes grescas y podíamos decir que tenía bastante experiencia.

Afortudamente para todos aquello se tranquilizó, y la noche siguió su curso, ya sin el rollito veloz como leiv motiv. Se había enfriado algo la euforia  cuando de repente vi a lo lejos como se acercaba a nuestras posiciones una japonesa. En ese momento recordé mis tiempos mozos de la facultad en los que me llamaban el tigre asiático. Se suponía que era un imán para las mujeres orientales, aunque en la práctica nunca había estado con ninguna. Eso sí, una vez le había gustado a una tailandesa y a una japonesa.

Aquel sí era mi mercado y me movía como pez en el agua. No necesitaba de la manada porque en ese momento actuaba como un tigre, ya se sabe que éste caza solo. Decidí adoptar la táctica del sol naciente que nos acababa de enseñar el negro y comprobar si realmente tenía efecto. Estiré la pierna y esperé a que se acercara. Lo hizo lentamente, como si estuviese calibrándome. Me acerqué a ella y comencé el acoso.

-¿Rollito veloz? –pregunté. La japonesa sonrió. Aquello era un éxito. Sin duda mi condición de tigre asiático estaba surgiendo efecto. Además, aquella era una japonesa guapa de verdad. Si bien nunca había visto a una china guapa a pesar de que hay por lo menos 600 millones de chinas, si había japonesas muy guapas. Por no hablar claro de las asiáticas mestizas al estilo Lucy Liu, que eran simplemente espectaculares.

Me acerque lo  justo a lo japonesa para tantearla y no se movió. Eso sí, seguía sonriendo tontamente. Empecé a considerar a posibilidad de que estuviese muy borracha. Aquello era un problema. Tenía por regla general no aprovecharme de mujeres perjudicadas. No es que hubiese tenido muchas oportunidades, pero cuando había sucedido lo había cumplido a rajatabla. En palabras de Frigo, había que aplicar la táctica del “move it or lost it”, y yo no lo hacía. Según él en esos casos no había nada que perder y había que atacar con todo. O moverse o perderlo todo traducido literalmente.

Suspiré, tomé un último trago y decidí por una vez seguir los consejos de Frigo. Le metí los morros, y ante mi sorpresa la japonesa apenas reaccionó. Incluso su boca parecía no responder y más que un beso parecía un cabezazo. Sin embargo fue cediendo poco a poco y enseguida la situación empezó a fluir.

Cuando ya todo parecía de color de rosas noté un empujón y vi como un tipo, de mediana estatura, empezaba a gritar. Oí frases poco elaboradas como serás zorra, eres un pedazo de puta o te voy matar gilipollas. Como me considero un tipo listo intuí rápidamente que aquel no era un amigo ni su hermano, y rápidamente adopté una posición felina esperando un ataque en cualquier momento.

El mandoble de derechas no tardó en llegar y aunque no me dió directamente si me rozó. Quedé medio aturdido, aunque en seguida la adrenalina que fluía por mi cuerpo me hizo reccionar. ¿Y ahora?, pensé. Nunca había estado en una pelea y no sabía muy bien como reaccionar. Mi instinto felino, y sobre todo mi estatus de macho me obligaba a responder ante aquella agresión. Tomé impulso y levanté el brazo con el puño cerrado. Para mi sorpresa el golpe impacto en la cara del tipo.

En ese momento pensé que había ganado. Vi al tipo llevarse la mano a la cara. De repente vi como detrás venían dos tios y para mi sorpresa uno de ellos era el mismo que había tenido el conflicto con el negro. Otro violento más, lo que me faltaba. Dios los cria y ellos se juntan. Ante la avalancha de garrulos, el negro se posicionó seguido de Frigo y Cazo.

Lo que recuerdo de aquella pelea es más bien poco. Entre el alcohol y otro golpe que me lleve debi estar ausente un tiempo largo. Mis pocos recuerdos me sitúan en un salón del medio oeste, con un montón de vaqueros luchando por su orgullo y con las copas rompiéndose en las paredes. Sin embargo creo que la pelea fue más bien corta y que rápidamente nos sacaron del local.

Sí recuerdo nítidamente estar fuera del local con mis tres amigos lamiéndonos las heridas, y riéndonos un rato de aquella situación. Otra aventura más con los amigos y otra noche que terminaba sin pillar  de verdad, con lo cerca que había estado.

Fuimos a coger un taxi y de repente la ví. Allí estaba en mitad de la nada la japonesa. Seguía sonriendo y estaba sola. Definitivamente, o estaba fumada, o había bebido mucho o directamente no entendía nada y pensaba que aquella pelea debía ser parte de la cultura española, como los toros.

Deje a mis amigos en el taxi, me acerqué a ella y la pregunté si quería ir a mi casa. Su respuesta fue una nueva sonrisa. No necesitaba más.

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HdL-Historias de Lobo.Cap XVI: Frigo, el feo y los cigarrilos

Otro viernes más. Esta vez tenía mala pinta porque venía el feo. Como últimamente nos habíamos acostumbrado a la presencia de Román, había decidirse traerse a su compañero de pupitre en la carrera y amigo, también llamado el feo. Se trataba de un tipo singular, que presumía de sus conocimientos en derecho cuando sabía tanto como yo, es decir, no tenía ni puta idea. Apenas dos referencias a la constitución, y eso sí, mucha jeta. Presumía también de trabajar en una gran empresa multinacional de asesor cuando en la práctica debía ser un triste becario. Pero lo peor era que al igual que Román todavía no había acabado la carrera.

Se podría decir que era un pieza importante o como suelo decir, “un personeih”, es decir, un personaje pronunciado en inglés al estilo Cazo. Nos caía bastante mal a los tres y si le tolerábamos era básicamente porque era feo y no suponía competencia y porque nos permitía reírnos un poco de él.

Aquel día venía especialmente dispuesto a dar el coñazo y a la primera de cambio decidió empezar a ello. Justo a nuestro lado se encontraba dos personas fumando. Por lo visto, el feo debía considerar esa actitud inadmisible y decidió intervenir. Se acercó a los sujetos y empezó su perorata.

-Perdona, te voy a tener que pedir que dejes de fumar -dijo- me ampara la norma superior, ni más ni menos que nuestra amada Constitución de 1978 que consagra el derecho a cualquier sujeto a no ser intoxicado con drogas ni cualquier otro tipo de sustancia psicotrópica. Además, la declaración de los derechos humanos y el propio código administrativo establecen con claridad la prohibición de fumar en espacios cerrados sin el consentimiento expreso de todos las personas allí presentes.

Aquello era  sin duda un montón de mierda, sin pies ni cabeza que podía ser rebatido hasta por un  tipo como yo, iletrado en el noble conocimiento del derecho. Sin embargo, me quedé expectante porque a veces las personas a las que abordaba el feo solían no tener respuesta. Quizá influyese la enorme seguridad que mostraba y sobre todo lo feo que era. Sí, sin duda el factor fealdad tenía que influir en la mente de todas personas. Pensarían algo así como que sería imposible ser tan feo y tan tonto a la vez, y por tanto tenía que tener razón aquel personeih.  Sin embargo, sí era posible. Era feo y tonto, y además muy pesado. Hablaba sin parar de su vida como si todo girase en torno a sus amigos, su lugar de veraneo, su familia. Lo que viene siendo un cansino.

Para mi sorpresa, los dos sujetos acabaron apagando sus respectivos cigarrillos, no demasiado contentos y eso si, previas miradas de odio al feo. Este se volvió hacia nosotros satisfecho.

En ese momento algo se activó en la mente de Frigo. Le vi su típico gesto en la cara de “la voy a liar”. Sabía que el feo le caía más que mal. De hecho cuando el feo se ponía a hablar Frigo ni le miraba y le interrumpía en muchas ocasiones.

Frigo buscó en los bolsillos y de repente sacó un cigarrillo. Nunca fumaba pero decía que siempre había que tener a mano el kit básico o de emergencia. Además de los condones -a los que por cierto daba mucho uso- decía que era indispensable contar con 3 o 4 cigarrillos y un mechero por si alguna chica se acercaba y lo pedía. Por algún motivo, quizá  espoleado por la acción del feo había decidido actuar.

Aquello nos dejo un poco sorprendidos. Rápidamente me giré hacia el feo para verle la cara. Estaba desconcertado. He de reconocer que yo también porque aquello podía acabar mal. Frigo estaba retando directamente al feo. Eran como la noche y el día. Uno atractivo, el otro horripilante. Uno callado y discreto, y el otro hablador y bocazas. Eso si,  a cojones nadie superaba a Frigo, y era cabezón como pocos.

-Frigo, te voy a tener que pedir que apagues ese cigarro -dijo el feo.

-Vale -respondió Frigo, mientras fumaba-. Pídemelo.

El feo vaciló. Le había pedido de una manera más amable de lo habitual que apagase el cigarro y Frigo le había vacilado.

-Te lo vuelvo a decir, apaga el puto cigarro -dijo el feo. Aquello se estaba calentando más de la cuenta y alrededor todos estábamos expectantes. No íbamos a permitir una pelea, pero tampoco podíamos interumpir la conversación. En cierta manera era divertido. Eso si, si tenía que apostar lo haría por Frigo. Tenía curiosidad  por saber en que momento pasarían a las manos.

-Sólo hay tres opciones de que apague el cigarro: una que se apague por sí mismo, que es la más probable; otra que lo apague en tu jeta de pringao, y la tercera es que me lo apague tu puta madre -dijo Frigo. Era toda una declaración de intenciones. No pensaba apagar su cigarro. El feo por su lado, si tenía alguna cualidad era que lejos de ser un tipo enclenque era bastante fuerte. Habia compensado su fealdad con  muchas sesiones de gimnasio y se le veía fuerte.

-Se te ha olvidado una cuarta opción -dijo el feo-, que te lo apague a ostias.

Frigo le dió una calada al cigarrillo con parsimonia. Echó el humo en dirección al feo y se permitió incluso el lujo de darle un sorbo a su copa. Parecía disfrutar con aquel diálogo que a mi me estaba causando bastante tensión.

-Señores, seamos civilizados -intervino Roman, que era un tipo de lo más correcto-. Dejemos las bravuconadas para otro momento. Vámonos a pedir una  copa -le dijo al feo. Este dudó. Sabía que era una salida ante las palabras de Frigo. Sin embargo ví claramente lo que iba a pasar por el brillo de sus ojos. No podía permitir una herida en su orgullo.

Hizo el amago de girarse con Roman y rápidamente dió un paso en dirección a Frigo para a continuación abalnzarse sobre él. Su brazo impactó de lleno en la cara de Frigo, que no debía esperarse un movimiento tan rápido. Yo reaccioné rápido é intenté mediar separándolos. Aquel estúpido movimiento que había visto realizar mil veces con siempre el mismo resultado me costó un buen golpetazo en la cara por parte del feo, que estaba lanzado.

Frigo estaba en el suelo y el feo encima parecía estar a punto de partirle la cara literalmente. En ese momento intervino Roman contra pronóstico. Se abalanzó sobre el feo de una manera tan salvaje que por un momento pensé que sería otra persona. A continuación y para sorpresa de todos le dió dos tortazos, para a continuación gritar:

-Me estás dejando en mal lugar abogado -dijo, llamándole como lo hacía siempre que se refería a él-. Vienes conmigo y me averguenzas delante de mis amigos. Te puedes coger tus mierdas de leyes y metertelas por el culo.

Se levantó agitado y ayudó a Frigo a levantarse. Aquello era algo insólito. De hecho el feo no daba crédito y no sabía muy bien que hacer. Su propio amigo le había dicho cuatro verdades y no sabía muy bien como reaacionar. Se levantó, se atusó un poco y se marchó.

Allí nos quedamos el resto, con Roman como protagonista positivo y con Frigo como máximo perjudicado. La adrenalina del momento nos había dejado a todos exhaustos.

Cazo me miró y empecé a ver una sonrisa en su rostro.A continuación habló.

-Jodido Frigo, ahora resulta que te gusta fumar -dijo, y se echó a reir,

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Hdl-Historias de Lobo: Cap XV: Ramirez y la teoría de la exclusión

Otro viernes más. El punto de partida de aquella noche éramos, como nos llamaba Roman, los tres mosqueteros, es decir: Cazo, Frigo y yo. Roman sería D´Artagnan. Sin embargo, esta vez contábamos también para la ocasión con Ramirez. Ya tocaba grabarse las series y películas, y además ese día parecía con fuerzas para hacer una incursión en terreno femenino. Ni más ni menos, después de su último, y seguramente primer éxito, con la rubia aquella. Ramirez estaba desbocado.

Sin embargo, no recordaba una noche de éxito con un grupo de cinco. Lo ideal era tres, ni mucho ni poco. Uno sólo es una temeridad, y está únicamente al alcande del nivel  de maestro. Dos, no es mal número, aunque es fácil despistarse y en ese caso no hay quien cubra la retaguardia. Cuatro es número par y normalmente se forman parejas de dos en distintos frentes que provocan las  mismas ineficiencias que dos. Y cinco definitivamente es demasiado. Se produce una multitud incapaz de controlar. Así que tres es lo ideal. Se forman ataques de a uno o a dos y siempre hay un tercero para estar al quite. Estos conceptos bélicos aunque son básicos resultan fundamentales para la supervivencia nocturna.

Así que allí estábamos los cinco. Mas que los tres mosqueteros y dos colegas parecía el grupo de música de dibujos animados de los trotamundos. Roman llevaba uno de sus típicos chalecos, con pantalón rojo ni mas ni menos; Ramirez tenía su pinta de freaky de siempre; Cazo llevaba una tirita en la frente y en el pómulo porque la noche anterior se había pegado con un garrulo y Frigo vestía más chulo putas de lo normal. Manda cojones que allí el más normal fuese yo, con mis chinos y mi camisa azul de la suerte.

-Chavales, la noche de hoy es un reto –dijo Cazo-. No se conoce en la historia un grupo de cinco tíos en los que todos hayan pillado.

-Ni se va a conocer porque según la teoría de la competencia necesitamos un grupo de seis tías –dijo Frigo. No fallaba. Siempre era la misma teoría. Cazo y yo nos miramos, estábamos hasta los mismísimos huevos de esa absurda teoría. Roman asentía reflexivamente, y Ramírez no parecía del todo de acuerdo con esa teoría.

-Señores, llevaís mucho tiempo equivocados. Desde que tuve aquel encuentro lúdico-festivo con la rubia he llegado a la conclusión de que la teoría correcta, es la teoría de la exclusión. Hay que excluir a la más guapa del grupo y lanzarse a por el resto -dijo Ramirez siendo a continuación interrumpido por Cazo.

-Joder Ramirez esa es la teoría de una mente maravillosa, así que no me vengas con inventos extraños –dijo Cazo. Aquella escena de la película en la que Russel Crowde vislumbraba la manera de abordar a un grupo de tías la habíamos comentado muchas veces. Aunque más aún, aquella otra escena en la que el propio Russel se llevaba un tortazo por ir al grano demasiado pronto.

-No, no, mi teoría es distinta. Es que no me has dejado acabar. Consiste básicamente en excluir a la más guapa y a la más fea, creando un rango medio asequible. Se basa en la curva de Gaus, según la cuál hay un 10%  a la izquierda y a la derecha de lo que sería la media. De esta manera nos centraríamos en las tías mas normales que rápidamente se identificarían a si mismas como objetivos asequibles al ver a la guapa y a la fea excluidas.

-Coño Ramirez, me gusta –dije yo.

-Solo hay un problema -dijo Frigo-, en los tiempos que corren es imposible encontrar un grupo de 7 tías, y más aún que haya dos tías que tengan sendos carteles en los que digan, soy las más guapa del grupo y otro que diga soy la más fea del grupo.

-Te equivocas Frigo –dijo Ramirez, retando al maestro del ligoteo en su propio terreno-, en la práctica siempre habrá un grupo en el que una sea más guapa y otra más fea. Lo único que tenemos que hacer es ponernos de acuerdo en cuáles son.

-Eso es fácil –dijo Roman.

A todos nos convenció la teoría y gastamos el resto de la noche en encontrar un grupo de siete tías. Para nuestra sorpresa vimos por lo menos media docena, después eso sí de patearnos todos los bares de la ciudad. El problema llegaba a la hora de votar a la más fea y a la más guapa. Fuimos capaces una vez de conseguir un par de mayorías cualificadas pero nunca la unanimidad. Y claro, eso provocó que los objetivos se dispersasen.

Después de cuatro intentos, la noche empezaba a a extinguirse y estábamos agotados.

-Tu teoría no funciona Ramirez –dijo Cazo, siempre dispuesto a dar la puntilla.

-En realidad si funciona como teoría, pero en la práctica si no nos ponemos de acuerdo por unanimidad en excluir a la guapa y a la fea es imposible –dijo Ramirez.

-Grupo de siete tías a las tres en punto –dijo Frigo, que llevaba de serie un radar incorporado.

-Vale, rápidamente chavales. Para mi la fea es el krenko de gafas y pelo corto, y la guapa es la rubiaza de pantalones blancos –dije.

Uno a uno todos fueron votando y para nuestra sorpresa estábamos de acuerdo. Era la hora de poner en práctica la teoría de Ramírez.

-Señores, es la hora. No os olvideís de que hay que excluir como sea a estas dos. Ni miradas, ni palabras ni nada, ¿entendido? –dijo Ramirez.

-Señor ,si señor –contesté yo.

-Adelante –dijo Frigo.

El plan funcionó los primeros diez minutos. Era un claro cinco para cinco, con las dos tias excluidas para su sorpresa, sobre todo de la guapa. La fea seguro que estaba más que acostumbrada. Cada uno se centró en su objetivo y parecía que aquello fluía. El problema llegó cuando las tropas de élite del enemigo, es decir, la guapa, decidió contraatacar. No había en el manual de Ramirez nada sobre un ataque en tromba.

La rubia, que sin duda no estaba dispuesta a perder la guerra, ni una batalla, ni siquiera una porción de terreno, comenzó a dividir a nuestro ejército. Primero casi apartando de golpe a una amiga se centró en Roman. Este, débil y asustado cedió terreno al enemigo. A continuación, una vez que había conseguido abrir una brecha en nuestras tropas se acercó a mí, y empezó a decirme que si mi amigo Roman era un tipo curioso y demás.

En ese momento ví como Frigo dudaba. Normalmente la más guapa era para él. Dejó a su objetivo y se acercó a mi para entablar conversación con la rubia. Yo inmediatamente decidí irme a por la de Frigo. Para acabar de configurar aquel caos la fea hizo también su movimiento en un desesperado intento por ganar todo el terreno perdido. Se acercó a Ramirez que era el eslabón más débil y comenzó a hablar con él. Al ver todo aquel desbarajuste Cazo decidió hacer su movimiento y dejó su objetivo para pedirse la penúltima copa.

Aquello acabó como el rosario de la aurora.  No sólo no triunfó ninguno si no que además fuimos incapaces de conseguir un solo teléfono. Y lo que es peor, el grupo se había dividido . No habíamos sido capaces de centrarnos en nuestros objetivos. Al rato las siete se cansaron de nuestra indeterminación y se fueron a casa.

-Comprobado. La teoría funciona -dijo Ramírez. Todos asentimos.

-Falta entrenamiento –dije yo.

-Y disciplina –concluyó Ramirez.

-Si, y sobre todo una rubia que no esté tan buena y se dediqué a dedirte cosas en la oreja –sentenció Roman.

Ramirez asintió y se quedó pensativo. Jamás pensó en el enemigo como un ejército compuesto por tropas regulares y tropas de élite. Sin duda esa era la clave, las tropas de élite, las tías buenas que no se resisten a un segundo plano. Ya empezaba a vislumbrar un plan para resolver ese agujero. Sí, pensó. Esa era la solución. Y se fue a casa riéndose.

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