Otro viernes más. Pero no uno cualquiera, uno de los malos. Allí estaba yo, sólo en mitad de un bar que no conocía esperando a un tipo que no conocía. Como Frigo se estaba amariconando con su novia, y Cazo andaba en la búsqueda del santo y grial, a pico y pala con una amiga, me habían dejado sólo. Lo suya era buscarse una churri o alguien para entretenerme.
Lo primero no es tan sencillo. Mis opciones además se iban cerrando y mujeres que otrora no se resistían a mis encantos ahora se ennoviaban. Y claro, no está uno ya para buscar nuevas fuentes. Así que había optado por buscarme alguien con quien entretenerme y había pensado en Roman y en el negro. Ninguno estaba en la ciudad y mis opciones eran pocas, así que aproveché para quedar con un tío con el que jugaba a un juego online. No le conocía de nada pero alguna vez habíamos hablado para intercambiar estrategias de ataque.
Cuando comentamos lo de vernos de cañas supongo que los dos pensamos que el otro era gay. Pero en seguida confesamos nuestra heterosexualidad y decidimos emborracharnos como hacían los soldados romanos de nuestro juego.
Le dije que le esperaría en un sitio que me había recomendado él. Ví a un tipo entrar. Parecía normal. Sin más alardes. Se acercó a mi, y me preguntó si era Loboexterminador_10. Le contesté que sí y le dije entonces que el debía ser rompecráneos.
Y así empezó una conversación que primero trató sobre el juego online y después derivó hacia múltiples temas. Al principio se me hizo raro pero rápidamente conectamos y descubrí que aquel era un tipo interesante. Parecía un chaval suelto y animado. Además, no tenía novia pero sí muchas amigas, o eso decía.
-¿Te has acabado el cubata exterminator? –me preguntó. Aquello me hizo gracia. Era un apodo casi tan molon como lobo.
-Sí, pagamos y nos vamos –dije.
-Tengo una idea mejor –dijo rompecráneos -¿por qué no hacemos un sinpa?
Aquello me sorprendió. Hacía mucho tiempo que pagaba religiosamente mis consumiciones y me consideraba demasiado mayor para andar huyendo a la carrera de los sitios. Además, solamente nos habíamos tomado 3 copitas, a 5 euros cada una.
-Pues hombre, no es que me mole pagar, ¿pero es lo suyo no?. Además no están caras las copas –dije, intentando suavizar mi respuesta.
-Sí bueno, si no es un tema moral, es un tema de adrenalina. Es que me pone muchísimo la sensación de huir de los sitios. El momento previo de echar a correr y notar como se acelera mi pulso. Y además, ten en cuenta que al camareta cada copa le cuesta un euro. Al fin y al cabo solamente perdería 6…Y joder, además seguro que es garrafón. Venga, que estoy a punto de pirarme –dijo rompecráneos.
Medité un instante. Entendía los argumentos de la adrenalia. Yo a veces había sentido lo mismo, aunque mi naturaleza cobarde no me permitía demasiadas aventuras. Por otra parte, aquel bar habría sido montado por un tipo que pretendíría ganarse la vida honradamente. Moralmente me costaba asumirlo. Decidí que pagaría mis copas y le pediría que él hiciese lo mismo.
Me dispuse a sacar mi cartera para a continuación hablarle. En ese momento, ví que se giraba y empeza a correr hacia la puerta. Se me heló la sangre. Allí estaba yo, con la cartera en la mano siendo testigo de la huida de un tipo que llevaba toda la noche hablando conmigo. Noté los latidos de corazón de los que hablaba rompecráneos. Agarré la cartera, respiré rápidamente y sin mirar atrás me dirijí corriendo hacia la puerta lo más rápido que pude.
Corrí tan rápido que perdí la ubicación. Por lo menos debía llevar recorridos 20 o 30 kilómetros. Como mínimo. Me paré y respire ahogadamente. Notaba el alcohol en mi cabeza y la sensación de euforia. Joder, me sentía vivo, como casi nunca. Supuse que en ese momento la adrenalina fluiría con mis venas. Mi cuerpo debía ser ¼ adrenalina, 2/4 alcohol y ¼ agua.
Miré a mi alrededor. Todavía temía que el camarero me hubiese seguido. Me ubiqué y me descubrí a unas 5 manzanas de distancia. No había corrido tanto pero estaba lo suficientemente lejos. En ese momento me sonó el móvil.
-¿Dónde estás exterminator?- me preguntó rompecráneos. Le indiqué donde estaba y quedamos en un punto medio bastante más alejado del bar.
Nos encontramos al rato y decidimos continuar la noche. Aquella experiencia me había puesto las pilas y me ví dispuesto a todo. Entramos en una discoteca y pagamos nuestra entrada –esta vez sí-. Consumimos las copas y seguimos la noche.
-¿Te pido otra exterminator? – me dijo rompecráneos. Le contesté que sí y le acompañé a la barra. Allí asistí a un nuevo truco. Rompecráneos pidió su copa y le entregó dos papelitos arrugados que se suponían que era la entrada. Lo hizo justo después de coger las copas. Ya nos habíamos bebido la copa de la entrada y por tanto aquellos dos papeles tenían que ser o otras dos entradas o simplemente papeles. Me temí lo peor. Miré a rompecráneos preocupado. Me devolvió la mirada girando el cuello en dirección al piso de arriba. A continuación me dijo rápidamente que fuésemos al piso de arriba. Lo hicmos casi a la carrera, como agachando la cabeza entre la multitud. Aunque había mucha gente temía que el camarero pudiese vernos y mandase a dos porteros. Estaba convencido de que en ese caso iban a dialogar con nosotros más bien poco…
Estuve los siguientes treinta minutos acojonado esperando que alguien me agarrase de la chepa y me echase a patadas del garito. Y sin embargo no ocurrió nada. En esos minutos ví como rompecráneos no perdía la compostura y más bien parecía encantado con aquella situación. Definitivamente aquel tipo era un psicópata de la adrenalina, un enfermo mental.
Lo que acabó de corrobar mi impresión fue su siguiente truco. Todavía me pregunto que diablos pasó y todavía flipo con la situación más increíble que he visto en mucho tiempo.
Estábamos hablando cuando rompecráneos se fijó en dos tías. Estaban en la barra pidiendo dos copas y una de ellas parecía a punto de pagar. Se acercó a la que estaba buscando en su bolso, dispuesta a pagar. La tía sacó un billete de 50 euros y se dispusó a pagar al camarero. En ese preciso instante se acercó rompecráneos. Sonrió a la chica, dijo unas palabras y a continuación cogió el billete de 50 euros de manos de la tía, y les dijo “dejadme por favor que os invite yo a las copas”.
Pagó las copas, cogió el cambio, se lo guardó en el bolsillo y estuvo un tiempo charlando con las dos tías. La que había sacado el billete de 50 euros parecía hipnotizada. Algo absurdo, tan increíble que dudo que alguién se lo crea. Pero así fue. Aquel tipo había mezclado la magia, con el encanto, con algún truco de mentalismo. Al cabo de un rato se despidió con el teléfono de una de ellas y con su dinero.
Después de aquello, rompecráneos me invitó a una copa y esta vez si pagó. El primer gasto de la noche, eso sí, con dinero ajeno. Estuve el resto de la noche pensativo, fascinado por aquel tipo que era definitivamente un mago.
Al acabar la noche decidimos pillar un taxi. Le dije a rompecráneos donde iba y él le dió al taxista una dirección cercana. Me bajo yo antes me dijo. Cuando estábamos llegando a su destino me miró. Hizó un leve gesto señalando con la mirada la puerta y comprendí que aquello significa otro sinpa. Podía pagar o salir corriendo a varias manzanas de mi casa. Sabía que esta vez el riesgo de caer en manos de un taxista suponía 4 o 5 porrazos en la cabeza. pero ya puestos from lost to the river.
Acabé en mi casa después de correr como Usain Bolt. Mi corazón bombeaba tanta sangre que por un momento pensé que saldría por la boca. Me sentía vivo pero muy cansado. Miré mi cartera y comprobé que estaba intacta. Gasto: 0 euros, riesgo, muy alto. Aquella noche había sido memorable.