Previamente en Historias de Lobo
Otro viernes más. No paraba de darle vueltas al último artículo que había leído de uno de mis blogs preferidos.Concretamente a uno de los comentarios:”Un dia iba yo caminando de fiesta con mis amigos, y salio una chica de un bar, estaba buena y dije sin dudar: “Quieres follar”, a la chica ni la conocia pero ella me dijo si, me la lleve a casa, y complete la faena”. Llevaba más de una hora dándole vueltas a aquel asunto, ¿porqué todo es tan difícil?.
-¿Que me impide acercarme a aquella tía y preguntarle si quiere venirse a mi casa a follar? -pregunté a Cazo.
-Ni idea lobo, tienes unas preguntas tio, estas colgao macho -respondió.
Ramirez, al que le tocaba pasarse para actualizar nuestros dicos duros y pasarnos la que para él debiera ser nuestra serie fetiche, HIMYM, how I meet your mother, o como conocí a vuestra madre, estaba pensativo.
-En realidad nada -dijo Ramirez.
-Entonces ¿porqué no estoy allí mismo?, preguntando una por una a todas las tías del local -repondí.
-Bueno, sí hay un impedimento, pero es cultural. Y eso repercute en tu mente. En realidad tienes miedo. Tienes verguenza a hacer algo poco convencial -dijo Ramirez.
-Entonces si hay algo que me lo impide -dije.
-Claro que sí, pero es mental. Es una barrera que la sociedad ha puesto en tu cerebro. Por ejemplo, Barney de la serie que os comento no tiene esas barreras y entra a las tias con frases que nunca imaginarías -dijo Ramirez.
- Ya, pero eso es una serie y esta es la realidad -dije.
-Realidad sí, pero mira a Frigo, seguro que él no tiene problema en entrar a una tia y decirle por ejemplo “who is your daddy” -dijo Ramirez.
-Si claro, pero porque no tiene ni puta idea de inglés -dije riéndome.
Al instante entró Frigo por la puerta. Debía venir de quedar con una tía porque tenía el típico aire suyo de tranquilidad.
-Frigo, tenemos una apuesta para ti. ¿A que no eres capaz de entrar a una tia preguntándole directamente si quiere follar? -dijo Cazo, siempre dispuesto a provocar a Frigo.
-Por supuesto que soy capaz, pero dame tres copas -contestó Frigo.
La noche siguió su curso mientras debatíamos sobre lo divino y lo humano. En realidad hablamos de tías, filosofando, teorizando sin llegar a nada en claro.
-Dejémonos de palabrería -dijo Frigo- es la hora de la acción.
-Sorpréndenos frigopie -dije.
-¿Veís a aquella tía de ahi? ¿a la morenita bajita de grandes pechos? -dijo Frigo.
-Veo sus pechos solamente, no puedo mirar otra cosa -dijo Cazo, siempre al quite.
-Pues voy a entrarla pero no de esa manera tan ruda que me habeís propuesto -dijo Frigo-con más suavidad y gracia.
-Si ya, y nosotros desde la distancia nos lo creemos -dijo Cazo.
-Hagámos una cosa -dijo Ramirez-como sería muy cantoso que estuviesemos los tres detrás tuyo mientras la abordas, activa la grabadora del móvil.
-Genial idea -dije-. Luego escucharemos toda la conversación.
Frigo se lanzó al ataque, con una nueva copa en la mano. Aunque era un ligón de primer nivel, no le resultaba tan fácil decirle a las tías bravuconadas. Era más bien un ligón de carga ligera.Ponía su carita y poco más. Era de diálogo fácil. Tres comentarios, dos risas y un muerdo. Así funcionaba el bueno de frigopie, que no estaba acostumbrado a entrar a las tías a las bravas con cualquier frase ingeniosa-estúpida.
-¿Serías capaz de decir alto y claro la palabra follar? -preguntó Frigo a la morena de grandes pechos.
La cara de la morena era un poema. Había visto como se le acercaba un tipo atractivo pero no imaginaba esa pregunta.Por momentos parecía muda. Se sonrojo incluso y tardó varios largos segundos en reaccionar.
-¿Cómo? -dijo intentando reflexionar sobre aquella pregunta.Quería pensar que había escuchado mal.
-Sí, te quería pedir que dijeses alto y claro la palabra follar .Forma parte de un pequeño estudio psicológico sobre el comportamiento sexual de las tias -dijo Frigo, con mucho aplomo, como si aquello fuese lo más normal del mundo.
La morena parecía incapaz de decir la palabra y de hecho se negó.
-No, no me da la gana -reaccionó- ¿que clase de estudio es ese?
-Pues mira, un estudio que dice que las tias menos liberadas tienen tal complejo que no pueden pronunciar libremente esa palabra. Repite conmigo: FOLLAR.
-Claro que puedo decirla pero no me apetece -contestó la moreno.
-Pero vamos a ver, si no te pido que digas que vas a follar conmigo. Solamente te pido que digas la palabra follar, sin más -dijo Frigo.
La morena dudó por un momento.Al final y al cabo era una petición que tampoco debería tener muchos problemas.
-Bueno, mejor sí te lo voy a pedir. Casi mejor no digas la palabra y vente a mi casa conmigo. Y todo sin decirlo, ¿como lo ves? -dijo Frigo.
En ese momento la morena rió. Parecía como si aquel comentario la relajase. Finalmente se marchó con Frigo.
-¡Menudo cabrón! -dijo Cazo tras escuchar la conversación. Allí estaba Frigo recien salido de la faena, que según él había durado más bien poco.
- Así que le costaba más decir la palabra follar que de hecho follar en sí mismo, es increíble -dije.
-Nuevamente tengo razón-dijo Ramirez-. Es todo cultural. El acto en sí mismo es natural, forma parte de la naturaleza, pero decir la palabra para una tía es antinatual, es como reconocer que le gusta follar y que no le importa decirlo. Y hoy, desgraciadamente eso está mal visto.
-Interesante -dijo Cazo- Voy a aplicar la teoría, todavía que hay tiempo.
Cazo se acercó a una tia que estaba 4 metros detrás nuestro. No era bien parecida pero podía servir para un apaño.
-¿Serías capaz de decir alto y claro la palabra follar? -preguntó Cazo a la chica medio castaño y bajita.
-FOLLAR -dijo la tía.
Aquella respuesta rompió los esquemas de Cazo. Intentó acordarse de la conversación de Frigo y dijo:
-Ya has dicho la palabra, ahora solamente hay que aplicarla. ¿Vamos a mi casa? -preguntó inocentemente Cazo.
- ¿A follar? -dijo la tia.
-Si claro -dijo Cazo, saboreando ya el triunfo.
-¿Y no podría ser con tu amigo de la camisa verde? -preguntó.
Cazo se giró y vió a Frigo con una de sus horrendas camisas verdes. Se maldijo. Así que no era un tema dialéctico sino físico. Ya quedaba todo claro. Las teorías de Ramirez eran una gilipollez, como siempre.