Historias de Lobo.Cap XI: Roman, el maromo y su novia (II)

Parte I

Aquella copa era veneno como mínimo, pero del bueno. Garrafón que recuerdas de por vida por el tremendo dolor de cabeza que produce. Le di el primer trago nada más me la sirvieron y me giré para darle las últimas instrucciones a Don Roman. Sin embargo, ya no estaba allí.

Le vi a lo lejos, encarando un grupo de tres tias y un tio. Mala cosa. Tenía la regla de no entrar jamás un grupo que tuviese al menos un tío manifiestamente heterosexual, y aquel, por el tamaño de su cuerpo y por la apariencia parecía más macho que Rambo y Hulk juntos. Normalmente los tíos se muestran a la defensiva. Si tienen novia, la reacción ante una agresión es obvia, pero si no la tienen es casi peor porque supone adentrarse en un terreno todavía por marcar. Como los osos o los leones cuando marcan su territorio, los tios que van en grupo con más tías saben que ese es su territorio. No tiene su marca todavía pero si su olor. Y los machos ajenos a la manada no son bienvenidos. Esa es una regla que conoce cualquier macho pero que Don Roman parecía desconocer al completo.

Temerario e imprudente optó por una de las mujeres. Tenía un 66% de probabilidades de acertar con la que no fuese novia del maromo. Las probabilidades jugaban a su favor pero el riesgo era alto. Se acercó a una de ellas, no la más guapa pero si resultona. Le dijo unas palabras a continuación, y ahí empezó lo que sería para mi una inolvidable noche.

El maromo, haciendo honor a su pinta de oso, se revolvió, como gruñendo. No solamente había entrado Roman en terreno hostil, sino que quería a su vez marcarlo con su propia orina, en este caso esperma, dicho mal y pronto. Una osadía digna de un loco. No sabía si darme la vuelta e ignorar los hechos, como castigo al incumplimiento de la regla más básica de comportamiento entre hombres; o si por el contrario ser fiel a otra regla que dice que si los amigos se meten en problemas tu te debes meter en ellos aunque sea un suicidio. Ni nosotros dos, ni tres más podríamos con semejante elemento. Como mínimo jugaba al rugby y seguro que lo hacía de delantero. Me lo imaginé en ese momento introducido en la melé gruñendo y salivando como una bestia. Y eso sin haberle tocado un pelo. Me recorrió un escalofrío por el cuerpo y me dispuse a cumplir con honor mi deber de amigo.

Me acerqué al lugar del crimen (futuro pero con certeza) con la copa en la mano dispuesto a usarla como arma. Antes decidí no desperdiciar ni una gota de alcohol y me apuré la mitad de la copa de un trago. Ahora si me veía capaz de hacerle frente a la bestia. Yo me iría con la nariz rota y tres costillas partidas sí, pero el se iría con un chichón a su casa. Hice honor a mi apodo y aullé tan fuerte como pude.  Apreté con fuerza la copa y me acerqué. Llevaba la incercia necesaria para sorprender con el primer golpe. La suerta estaba echada.

De repente ví como se entablaba un diálogo. ¡Estaban dialogando!  No había mandobles aquí y allá como en las películas de Bud Spencer, ni palabras gruesas. Aquello parecía un diálogo incluso respetuoso.

-Mire usted señor –decía Roman- permítame decirle que su novia es una bella mujer y que en ningún caso pretendía más que rendirle mis respetos.

Aquello era irreal. Me pellizqué, y comprobé que a pesar del alcohol había notado un pequeño pinchazo. La conversación parecía fluir. Y allí estaba yo, de pie con la copa apretada en mi mano a punto de causarme una hemorragia interna. Miré a mi izquierda y vi a la novia que había provocado indirectamente todo aquel conflicto más sorprendida aún que yo.

Decidí aprovechar el tiempo y me acerqué a las otras dos amigas. Fue un visto y no visto. Presentaciones, cuatro tonterías y de repente se marcharon como habían venido. Se ve que yo no era lo suficientemente bueno para aquellas dos. Me quedé mirando como Roman seguía hablando con el maromo. Por un momento parecía que incluso se llevasen bien. Me lo acabó de confirmar cuando se fundieron en un afectuoso abrazo. Definitivamente o yo estaba soñando o los dos iban tan cocidos como un langostino en fin de año.

No quería ser testigo de semejante canto a la amistad y me dispuse a pedir la penúltima copa. Para mi sorpresa se me acercó la novia. Se llamaba Rocío y de cerca y con más copas bien podía ser catalogada como una cachonda en toda regla. Estuvimos hablando un buen rato. Aquella era la típica conversación que no me iba a llevar a ningún lugar. Hablar con una tía buena cuyo novio estaba al lado era lo más absurdo del mundo. Decidí acabar con aquella farsa.

-Bueno Rocío, creo que me voy a ir a casa –dije.

-Vale, me voy contigo –dijo bastante seria. Aquello era una broma de muy mal gusto. A pesar de lo cuál me rei.

-Claro, y te traes a tu novio, el maromo, y hacemos un trío – contesté.

-Mi novio es gilipollas y aquí se queda –me contestó muy seria.

-Sí claro –dije.

-¿Qué pasa que no te gusto?. Porque yo aquí te hacía un hombre ahora mismo –me contestó, poniendo una cara de lascivia que llevaba tiempo sin ver (toda mi vida concretamente).

-Eh..,bueno, eh.. claro que me gustas joder –acerté a decir. No me podía creer lo que me estaba diciendo y por un momento pensé que era todo parte del mismo sueño. Me volví a pellizcar, pero esta vez con fuerza. Dolía. Era real.

-Una de dos, o te lo vuelvo a explicar y te cojo el paquete por si no te ha quedado suficientemente claro o nos vamos al baño y nos enrollamos ya mismo –me dijo, acercando su mano a mi pantalón.

En ese momento algo me crecía interiormente y no era mi ego, que también. Por otro lado, aquel tipo daba miedo y eso sí que era tentar la suerte. Definitivamente tendría que decir que no y subirme a casa antes de que reventase en mil pedazos toda “mi confianza interna”.

-Joder, que cosas que pides. Está tu novio ahí y no me parece lo más sensato –dije, con la boca seca provocada por la emoción del momento pero sobre todo por la falta de copas.

-Mira, te lo voy a poner facilísimo. Llevo cuatro años opositando y las últimas semanas sin salir de casa ni para comprar el pan. Había quedado hoy con mi novio para practicar el sexo salvajemente pero por un momento parece que prefiere al gilipollas de tu amigo. Así que si quieres nos vamos ahora mismo al baño, y disfrutamos de una noche de sexo entre desconocidos o si no tendré que irme a mi casa sola y disfrutar yo solita –me dijo.

Si aquello no era un sueño lo sería para el resto de mi vida. La cogí del brazo con violencia y me la llevé al baño. Era elegir entre mi vida o mi salud mental futura. Había que arriesgar. No decía Borges que el coraje siempre es mejor.Pues toma tres tazas.O cinco.

Cuando salí del baño, no sabía cuanto tiempo había pasado pero allí seguían Don Roman y el novio parloteando como dos amigos de toda la vida. Yo en cambio había disfrutando del seguramente mejor polvo de mi vida, y por un momento juraría que aquella mujer era multiorgásmica.

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HdL-Historias de Lobo.Cap XI: Roman, el maromo y su novia (I)

Otro viernes  más. Aunque esta vez me tocaría quedarme en casita gracias al bueno de Cazo. Esta vez tuvo sin embargo el detalle de llamarme el día anterior.

-Lobo, ¿como estamos?

-Bien, bien, aquí andamos –respondí. Una manera tan válida como cualquier otra de no decir nada.

-Oye lobo, una pregunta –me dijo. Aquello era peligroso. Cuando Cazo formulaba preguntas pasaban cosas raras -. ¿Tu has estado alguna vez con una tía multiorgásmica?.

Aquella pregunta me sorprendió sin duda. Aunque no tanto para no responder. Habíamos teorizado muchas veces sobre las mujeres y se podría decir que a nivel teórico era un alumno aventajado.

-Ni multiorgásmica ni orgásmica. Ya sabes mi teoría sobre las mujeres, su único gozo consiste en vernos sufrir cuando intentamos conquistarlas. Además, todo eso es una patraña que se ha inventado la corriente absurda del feminismo para igualarse a los hombres.

-Ya –respondió Cazo dubitativo-. Es que hay una tia del curro que dice que es multiorgásmica y me gustaría saber si es verdad o no, y no se si merece la pena abordarla para comprobarlo esta noche en la cena de empresa.

-Joder Cazo, estas colgao. Ya te he dicho mil veces que dejes a las tias del curro en paz. Ya viste lo que pasó la última vez que te liaste con una del curro, y además tu jefa. Pareces gilipollas. Haz lo que quieras –contesté molesto. La última vez, habíamos tenido que idear todo un plan para librarle de la jefa. Lo conseguimos con esfuerzo, aunque eso era otra historia.

-Veremos, veremos. Ya sabes que si se pone a huevo no podré hacer nada. Ellas mandan –dijo. Aquello era sin duda un argumento de peso y nada podía responder al respecto.

-Razón no te falta. Pero hazme caso, evítalo –dije.

-Se intentará Lobo. Oye por cierto, mañana tengo cena con la gente del master. Te vuelvo a abandonar –me dijo Cazo.

-Joder, serás perro. Y encima antes me llamas para contarme toda la mierda de las multiorgásmicas –contesté.

Dicha conversación motivó que me tuviese que buscar la vida, en un jueves ni mas ni menos. No podía permitirme estar un fin de semana entero sin salir. Así que recurrí a la única persona que sabría que no me fallaría: Roman Gaez de Urrutia o Don Roman para los amigos.

Roman llevaba saliendo jueves, viernes y sábados desde el día que le conocí, y todavía hoy mantenía ese ritmo. Seguramente influyese el hecho de que todavía era universitario pese a ser de mi misma generación. Se estaba tomando la carrera  con calma y parecía además que no le influía en su manera de vivir el hecho de no trabajar. Seguramente ayudase el factor pasta, y es que Roman no era precisamente pobre. Desde el día que le conocí me sorprendió su capacidad de gastar dinero a manos llenos..Nunca supimos de donde venía ese dinero aunque era obvio que de sus padres. Tampoco conocíamos su profesión aunque bien pudieran ser condes o marqueses con semejante apellido.

Lo único cierto es que Roman llevaba una vida absolutamente disoluta, como le gustaba decir. Era Roman un tipo peculiar, casi único. Alto, delgado casi enjuto, de piel pálida, solía vestir mas bien como un noble del siglo XVIII que como un joven.  Predominaban sus chalecos característicos y sus pantalones de colores diversos. Era eso sí un tipo afable, de trato facilísimo, que no pasa desapercibido ni por sus curiosas pintas ni por sus buenas maneras.

Gustaba de llamar a los desconocidos de usted, fuese cual fuese su edad, y nunca levantaba la voz. Fumaba en pipa y bebía tanto como fuese necesario. Además de estas peculiaridades, Roman, Don Roman para los amigos, desconocía absolutamente la actualidad del país, aunque a veces era capaz de comentar una noticia que había leído por casualidad hasta la extenuación. Documentado como si un experto se tratase le había oído hablar de OVNIS, asesinatos macabros o simplemente del cultivo del trigo en Africa.

No era Roman un tipo tonto, y más bien al contrario demostraba una inteligencia muy por encima de la media. Eso sí, gustaba de tratar a todo el mundo por igual y no distinguía entre clases.

-Hombre Don Roman, cuanto tiempo –dije, al verle acercarse.

-Lobito,Lobez, sea usted obsequiado con un abrazo –me dijo abrazándome. Tenía el hábito de abrazar a la gente conocida, y en ocasiones también a los desconocidos del sexo que fuesen.

-¿Cómo va eso? ¿Sigues pegándote con la carrera? –pregunté.

-Sí,sí mas o menos. Despacito y con buena letra –dijo, y rió. A continuación sacó su pipa y comenzó un ritual que para él era sagrado. Cogió el tabaco de su bolsillo y cuidadosamente extrajo el suficiente para introducirlo en la cabecera de la misma. La encendió al tiempo que aspiraba con placer.

Así estuvimos un rato hablando de lo divino y de lo humano, mientras Don Roman seguía fumando con fruición. Se recreaba en cada bocanada y expulsaba el humo lentamente, con una ceremonial parsimonia.

Normalmente con Roman los temas fluían sólos excepto cuando hablabamos de mujeres. Cuando iba a acompañado de Cazo y Frigo solía intervenir más bien poco por no decir nada. De hecho era un tema de conversación más bien incómodo y nos habíamos acostumbrado a no hablar en su presencia ni de mujeres, ni polvos ni cualquier otro tema de contenido sexual. A pesar de lo cuál había visto triunfar más de una vez a Don Roman. Era más bien una cuestión de pudor. Es lo que tiene la clase alta.

El ambiente se empezaba a caldear y yo con él. Era la hora de la caza y mi cuerpo me estaba emitiendo las señales adecuadas. Pedí la penúltima copa para poder tener algo en mi mano mientras le decía mis gilipolleces a cualquier tía, y procedí a incitar a Roman a la caza.

Tampoco era difícil convencerle pero necesitaba que sus objetivos confluyesen con los míos, Era fácil verle perderse en el fragor de la noche con cualquiera, ya fuese hombre o mujer. Con los primeros tendía a entablar una rápida amistad mientras que con las segundas o triunfaba o montaba un carajo de mil demonios. Como los grandes, provocaba odio o admiración, en las mujeres solamente, porque con los hombres era un tio popular. Jamás nadie olvidó su nombre ni sus anécdotas. Un tipo curioso Don Roman. Todas esas reflexiones me llevaron a otro trago. Necesitaba beber para estar lúcido.

CONTINUA

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HDL-Historias de lobo.Cap XIX:el lobo y las mujeres.

Otro viernas más. Este era especial porque ibamos a contar con género femenino, mi amiga Marta. Además estaban Frigo y Cazo, dispuestos a tirarle los trastos si la noche se ponía fea.

Marta era una amiga de la facultad con la que me llevaba muy bien y que estaba lo suficientemente buena para liarse con ella y a la vez mantener una buena amistad. No me había enamorado de ella, pero estaba a gusto y podía contarle confidencias. Como me conocía bien siempre me preguntaba que porqué seguía sin novia y solía presentarme a amigas y buscar una razón.

-¿Como te gustan las mujeres? -me preguntó-. Siempre iniciaba ese tipo de conversaciones con esa frase absurda como si tuviese tiempo y ganas de resolverla en cuatro líneas.

-Con tetas y culo -respondí. No me gustan generalizar pero ante una pergunta abierta lo mejor es una respuesta abierta.

-No en serio -me dijo -Concretame un poco más, que siempre te escurres.

-Con unas buenas tetas y un buen culo, aunque si la pregunta es si soy de tetas o culo, te diré que soy de tetas -respondí. Aquel era un debate antiguo que dividía a la población masculina entre los que prefieren el culo o las tetas. Hay que elegir siempre, como en la vida, y yo tras pasar por una etapa de dudas elegí las tetas. Antes era de culo, pero mi madurez sexual me había permitido vislubrar las ventajas de unas buenos pechos.

-Sabia elección  -intervino Frigo-, el culo no es más que otra manera de llamar a un músculo, concretamente el glúteo, mientras que los pechos son glándulas mamarias relacionados íntimamente con la sexualidad, y fundamentales para la superviviencia del ser humano.

-Pues yo soy de culo, ya lo sabeís, a pesar de las gilipolleces de Frigo. Un buen culo en un buen vaquero sí que no tiene precio -dijo Cazo.

Marta estaba acostumbrada a aquellos debates y reía, en vez de asustarse o indignarse, aunque no era nada que no se pudiese decir en público. Era vox populi que los machos han de preferir una u otra, y todo aquel que no quisiese intervenir en el debate era o un lelo o un corto de miras. Luego estaba también el típico espabilado que siempre respondía los dos. No te jode, como si el resto fuesemos tontos.

-No en serio, ¿como te gustan las tias? Un rasgo, algo, aunque sea una sola cosa que sea fundamental para ti -dijo Marta.

- Me gustan las tías que se rien -contesté.

- ¿Tal cuál? -preguntó Marta.

-Que se rien de mis comentarios inteligentes por supuesto, y no de tonterías, pero que les guste reir y lo hagan a menudo -contesté.

-Suscribo la respuesta, y añado solamente que además a mi me gustan guapas, inteligentes, simpáticas e interesantes. Bueno en realidad con que estén buenas me valen para tirármelas, ¿porque de eso estamos hablando no? -dijo Frigo.

-Si bueno, de eso, es de lo único que tu sabes hablar -dijo Marta-. Yo hablo de una tía con la que saldrías.

-Que se ría -insistí- y que tenga una sonrisa bonita. Si tengo que elegir eso pido, y bueno claro lo que comenta Frigo tampoco vendría mal, ¿por qué? ¿Tienes alguién en mente a quién presentarme? -dije.

-Yo misma me postulo – dijo Marta -. Ya lo sabes, sólo que te haces el loco.

-¿Postulo? ¿loco? ¿yo? ¿are you talking to me? -dije imitando a De Niro. Marta se rió con su característica risa algo ruidosa, pero bonita y contagiosa. Sí, sin duda Marta podría haber sido una candidata perfecta, pero por algún motivo aquello no había fraguado. Quizá el haberse liado con Frigo tampoco había ayudado. Pero bueno eso era otra historia.

-El lobo es un tipo solitario, sin duda -dijo Cazo-. Un amante exclusivo y un cazador de trofeos. Hasta que no llene la vitrina no parará.

-Pues como no encargue los trofeos por ebay lo lleva jodido -dijo Frigo riéndose. Se había abierto la caza al lobo y tenía que pararles los pies.

-No chavales, mi vitrina no admite segundos premios ni trofeos de consolación. Ya sabeís que solamente hay un hueco para mi media naranja -dije.

-Pues cuando encuentres la media naranja es posible que ya sea zumo -dijo Frigo, riéndose de nuevo, dispuesto a seguir dando caña.

-No te preocupes lobito -dijo Marta que nunca me llamaba así y esta vez lo hizo en broma- que si ves que tu vitrina no se llena yo me ofrezco voluntaria.

-Gracias Marta, sabía que podía contar contigo, porque lo que es con estos dos cabrones difícil. Por cierto, ¿nos vamos a mi casa? -pregunté.

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HdL-Historias de Lobo. Cap X: la caza del lobo solitario

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Otro viernes más. Es triste encontrarte un viernes con ganas de farra y ver como tus amigos de juergas se han rajado vilmente. El vendido de Frigo se ha pasado al lado oscuro, y ha decido renunciar a los amigotes para ir a cenar con la penúltima tía que se ha ligado. Me preocupa porque esta es la tercera vez que quedan. Espero que no se le ocurra echarse novia. Más que nada porque según me cuenta ésta es la típica que no tiene amigas. Joder, lo que me faltaba, una tía que se viene a tomar copas, con la que no puedo pillar y sin amigas. Manda huevos que diría el otro.

Y en el capullo de Cazo prefiero ni pensar. Cada vez que recuerdo la conversación por teléfono  me hierve la sangre.

-¿Qué pasa Cazo cabrón? ¿A las diez donde siempre no? -le dije.  Entre los tíos solemos insultarnos a modo de saludo. Es un saludo amistoso, que puede incluir los diminutivos como mamoncete o cabroncete; o el aumentativo como cabronazo o mariconazo. Cuando denota admiración nos llamamos directamente Hijo Puta, entre dos exclamaciones.

-Hola Lobo, que va macho  estoy jodidisimo tio -respondió Cazo.

-Sí, jodidisimos estamos todos. La vida es una mierda y tal, pero no has respondido a mi pregunta: ¿Nos vamos de copas o que? -le pregunté. Empezaba a sospechar que no me iba a gustar lo que me iba a decir.

-Quita,quita, copas las que me enchufé ayer. Tengo una resaca de miedo y encima hoy me han endosado todos los marrones del mundo -contestó Cazo.

-¡No me jodas! No seas perro y vente ya, te espero allí -le dije. Sabía que el calificativo perro tenía su efecto. Es como los tios denotamos enfado. Cuando me llaman perro se que algo he hecho mal.

-De verdad lobo, voy a quedarme aquí a dormirla. Ya me contarás -me contestó.

Aquello era una afrenta como pocas. A un compañero no se le deja por una resaca. Se le puede dejar, y se le debe dejar, por una tía. Pero una resaca se cura con más alcohol. O eso dicen. Lo cierto era que entendía a Cazo y más de una vez me había visto en la misma situación. Pero cuando un compañero de armas solicita tu ayuda, tu deber es auxiliarle.

Allí estaba yo sólo, sentado en un taburete y sin saber muy bien donde mirar. Había un par de grupos de tías, pero mi perfil de cazador en manada no me permitía cazar en solitario. Definitivamente aquella noche pintaba mal.  Apuré la caña y me dispuse a pedir la cuenta.

En ese momento estaba entrando en el bar una morena que no debía tener más de 25 años, bastante guapa y con un cuerpo que podríamos puntuar con un 7 sobre 10, sin apenas alcohol encima. Mi única posibilidad era que estuviese sola y que se sentase a mi lado.  La última vez que mire había un par de tipos  de treinta y muchos, de esos que no saben a que ambiente pertenecen, si a los viejos cuarentones o a los menores de 35.

La morena avanzó con paso firme.  ¿Me estaba mirando?, pudiera ser. Aquella pose de hombre solitario podía resultar hasta atractiva, o al menos eso había escuchado a más de un amigo. Saque mi móvil de última generación para parecer más interesante, y sobre todo para no demostrar que mi único foco de atención era ella.

Se acercó hacia mi y mostró lo que en ese momento me pareció una de las sonrisas más claras que había visto. Le sonrei y empecé a preparar un discurso coherente. Le diría una broma “cooking and funny style”, y luego  le pediría una caña -pedir, que no invitar que es muy distinto- para  a continuación preguntarle que de donde era, que hacía por ahí y demás. Algo informal pero soltando poco a poco la conversación. Luego a medida que se incrementase el alcohol le diría algún cumplido trufado con alguna pullita. Nunca falla el juego de la zanahoria y el palo. O al menos eso me cuentan.

Por último, pediría la cuenta y en función de su contestación previa sobre si quería tomarse la penúltima copa, pagaría la cuenta o no. Si decía que sí, pagar la cuenta equivalía a reafirmar mi situación de macho alfa dominante. Si decía que no, reafirmaría mi posición de pringado vitalicio. Después, aquello fluiría sólo: una copita, un aproach, pim-pam, pim-pum, y si tenía el día tonto iríamos a mi casa. De ella dependía como no, decidirlo. En útima instancia siempre deciden ellas. Como me sentía afortunado, seguro que diría que sí y acabaría un triste viernes en un histórico triunfo. Y para más inri, alejado de la manada.

La morena se acercó tanto que pude oler su perfume. Ni puta idea de cuál era aquel olor pero me acabó de conquistar. Y es que un buen perfume en una tia atractiva es la puntilla para conquistarnos.Y luego dicen que los hombres somos simples.

Aquel perfume me serviría de excusa para decirle las primeras palabras. Siempre tenía en mente dos perfumes muy caros y sofisticados.  No tenía ni idea de cómo olían pero siempre quedaba muy bien preguntarle a una tía si los utilizaban.

-Tu perfume tiene que ser por lo menos Chanel número 5 -le dije.

-¿Perdón? -me respondió. Aquello empezaba mal. Cuando tu frase estrella es respondida con otra pregunta es que o bien no te ha oído o es que se está haciendo la tonta para darte la oportunidad de retirarte a tiempo. Opté por el riesgo.

-Te decía que hueles de maravilla y que tu perfume me recuerda al de Chanel número 5 -dije, esta vez con un tono un poco más fuerte e intentando aparentar confianza. En ese momento la morena se sonrojó. Supe que había acertado y me dispuse a seguir mi guión preestablecido que concluiría con una salvaje noche de sexo.

-Te pido una caña -continué, disfrutando con la expresión de desconcierto de su cara. La morena seguía en tierra de nadie, sin acercarse a mí, temerosa de algo. Quería cierto respeto pero no tanto. Aquello no marchaba como mi milimétrico plan.

-Ya se la pido yo, si no te importa -dijo una voz masculina detrás mía. Me giré y vi a los dos perdedores que ya creía fuera del local hace tiempo. Uno con cara de muy pocos amigos, el novio posiblemente, y otro que miraba la escena divertido.

Saludé con la cabeza, y musité unas palabras que nadie pudo comprender. Me centré rápidamente en mi móvil como si aquello no fuese conmigo y me dispuse a pedir otra copa. Si quería salir con cierta dignidad del local iba a necesitar más alcohol, más que nada para olvidar la humillación.

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HdL-Historias de Lobo. Cap IX: el negro y sus batallas

Previously en Historias de Lobo.Cap VIII:Pablito y las preguntas trampa.

Otro viernes más. El negro ha decidido dejarse caer y hoy podremos disfrutar de sus anécdotas. Nadie como él para hacerte reir. El auténtico alma de la noche que con dos tonterías en seguida te hace reir. Sus historias parecen irreales pero lo mas acojonante es que pasan de verdad. Desde polvos en plena calle o en un barco, hasta beneficiarse a su jefa encima de su mesa.

El negro no era ni africano ni asiático, era tan español como cualquiera de nosotros. Todo grupo que se precie tiene que tener un negro. Sino no es grupo ni es nada. También suele haber un chino pero en nuestra caso todavía no lo hemos encontrado.

Allí estaban también Cazo y Frigo. Este último con cara de pocos amigos como de costumbre cuando venía el negro. De alguna manera rivalizaban en cuanto a tias. Aunque el negro no era ni mucho menos un ligón le robaba parte del protagonismo. La ventaja del negro sobre Frigo era que su mercado eran las mujeres en general. Se podría decir que pillaba mucho pero mal. Vamos que le daba a todo. De vez en cuando caía algún pibón, pero generalmente eran cardos considerables. Eso sí, siempre se las arreglaba para  montarla de una u otra manera.

-Negro cuentate lo de Ibiza. Todavía no me explico cómo acabaste sin pantalones en la calle -dije yo.

-Todo empezó en la sala cañera, ¿os acordaís?. Ahí andaba yo con una negra que decía que era sueca, ¿os lo podeís creer?. Acojonante -contaba el negro-. La tía se pensaba que yo era gilipollas o algo así .

A continuación, empezamos a recordar aquel viernes noche.

-En serio tia, tu te piensas que yo soy tonto o algo así -le dijo el negro en un inglés macarrónico.

-¿Porqué?  -preguntó la sueca.

-Mira, no existen suecas negras, como tampoco existen chinas rubias o negros pelirrojos. Joder eso lo sabe todo el mundo -dijo el negro mostrando su amplio conocimiento de las culturas. Estaban en la discoteca en Ibiza y a esas alturas de la noche el negro llevaba unas cuantas copas y más de un porro.

-Yo soy de padre sueco y de madre sudafrica. ¿Tampoco es tan raro no? – dijo la tia.

- Joder que no -contestó el negro, que tenía esa manera tan característica de hablar. Directo y al grano siempre-. Mira, si eres sueca lo vamos a comprobar ahora mismo.

-Vale, ¿te saco el pasaporte? -dijo la sueca.

-Que coño el pasaporte. Bajate los pantalones y lo comprobamos ahora mismo -dijo el negro en un inglés cada vez más deteriorado. La sueca no debió entender nada porque no se inmutó. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza y sacó su pasaporte.

El negro pasó del pasaporte, se acercó al oído de la sueca y le dijo en inglés que le acompañase un momento. La sueca dócil le siguió. Por el camino vi como el negro se me acercaba y me decía:

-Puto Lobo, métele los morros como si fuese un kalipo. Que te lo digo siempre y no me haces ni caso -me dijo. Yo andaba ya con el pico y la pala desgastados, y había empezado a usar el martillo eléctrico, aunque con resultado negativo. Quizá era hora de utilizar los explosivos y hacer caso al negro. Le seguí con la mirada y vi como se llevaba a la sueca a la puerta.

-Ven sueca -dijo el negro con gracia-. Ahora veremos si eres sueca o no -dijo. La sueca seguía sin comprender muy bien que pasaba. El negro la cogió del brazo y la llevo fuera de la discoteca.

-Bajate los pantalones -le dijo-. Vamos a comprobar si eres sueca.Vamos, por mis santos cojones -dijo el negro. Aquello pretendía ser inglés pero se parecía más al idioma del planeta  pandora de Avatar. La sueca no entendía nada.

El negro se veía incapaz de explicarle todo eso en inglés, así que prodeció a dar ejemplo. Se quitó las zapatillas y después se quitó los pantalones, tirándoselos a la sueca. La sueca debía flipar en colores. Mas que nada por la reacción. Echó a correr en dirección desconocida.

Allí estaba el negro. En calzoncillos en frente de la discoteca. No entendía nada, pero empezaba a comprender que la había cagado pero bien. Le había tirado los pantalones a la sueca, y ésta presa del pánico los había agarrado y había echado a correr.

Y encima se había quedado sin saber si realmente era sueca. Estaría equivocado, se preguntaba el negro. Imposible, el negro de esas cosas sabía un huevo.

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HdL-Historias de Lobo. Cap VIII: Pablito y las preguntas trampa

Previously: Historias de Lobo.Cap VII:Entre Lobo y la pared

Otro viernes más. Hoy venía Pablito. Pablito era un compañero de la facultad de Frigo que debía medir menos de 1.60. Cada cierto tiempo nos llamaba para desahogarse, y tomarse unas copas con los amigos como decía él. Pablito llevaba ya nueve años con su novia, y los últimos dos viviendo juntos, pero todavía no habían decidido casarse a pesar de que ella le insistía.

Al principio pensaba que no se casaban  porque Pablito era un poco ateo y no le hacía gracia aquello, pero después me di cuenta hablando alguna vez con él de que el tema religioso le importaba más bien poco. Luego pensé que era un tema de pasta, pero cuando empezaron a vivir juntos me di cuenta de que no había problema alguno. Al final, y después de sus últimos ataques de pánico, como llamaba él, he llegado a pensar que simplemente no quiere demasiado a su novia.

Aquel viernes Pablito vino sólo como siempre. Al principio se quejaba de que no tenía espacio y de que estaba harto, y luego en seguida pasaba de sus movidas y empezaba a mostrar su verdadera cara. Recuerdo que la primera vez que le vi , ya por entonces con novia, lo primero que me dijo fue que cuánta cachonda universitaria había y que estaba muy berraco.

-Joder chavales, en este bar faltan cachondas y sobran nabos -dijo Pablito.

El resto asentimos, siempre decía el mismo comentario. A continuación Pablito  nos sorprendía con lo que el llamaba las preguntas de la verdad o preguntas trampa. Básicamente consistía en dar dos opciones, a cuál más difícil. Al principio de la noche solían ser cuestiones del tipo a quien te tirarías: a Angelina Jolie o a Elsa Pataky. Pero luego, a medida que fluía el alcohol por sus venas las preguntas eran más truculentas, del tipo: tirarte a una oveja o que te de por culo un tío. Cosas de ese estilo más bien desagradables.

-Pregunta trampa -dijo Pablito- ¿A cuál elegiríais, a la protagonista azul de Avatar o a la novia de Rogger Rabbit?.

-A mi no me pone una tía más alta que yo -respondí-. Me quedo con la novia de Rogger Rabit.

-Yo sin duda la tronca azul de Avatar -dijo Frigo-, aunque lo del rabo me da mal rollo.

-Yo a las dos -respondió Cazo.

-Joder Cazo, siempre hay algún gilipollas que responde los dos o ninguno. En las preguntas trampas hay que elegir cojones -dijo Pablito visiblemente enfadado. Normalmente contestábamos a algunas preguntas y a otras no, sobre todo a las truculentas. El problema era cuando la cantidad de alcohol ingerida era elevada. En esos casos se decían muchas tonterías que a veces eran graciosas y otras preocupantes.

La noche continuó a su ritmo, sin novedades en el frente. Por una vez Pablito tenía razón y en ese local no había tías. Alguna novia y un par de grupos con tías poco agraciadas, por no decir feas de cojones.

-Pregunta trampa -dijo Pablito. Me alegré de escucharle de nuevo. Empezaba a aburrirme y a esas horas de la noche las pregunta trampa de Pablito empezaban a ser explosivas- ¿A quien os tiraríais, a Rosi de Palma o a Carmen Machi?

-Coño, a Carmen Machi de cabeza -respondió Cazo-. Menuda pregunta trampa más gilipollas. Carmen Machi está muy buena..

-Tu eres tonto Cazo -dijo Frigo-. Carmen Machi es Aida. ¡Pero seguro que a ti te pone, menudo degenerado!

Todos nos reímos y Pablito vió como su pregunta trampa había hecho efecto. Envalentonado por el resultado, y azuzado por el alcohol, siguió haciendo preguntas. La última que recuerdo fue:

-¿A quien dejaríais que os diese porculo? ¿a Beckham o a Cristiano? -dijo Pablito riéndose a carcajada limpia. El silencio se hizo. Aquella era una pregunta trampa difícil. Ninguno parecía querer responder a aquella pregunta. No valía decir ninguno de los dos, y elegir suponía aceptar que nuestro sagrado orificio podía ser perforado, aunque fuese por unos tiarracos como esos dos.

-Coño, hay que eligir. Yo me quedo con Beckham. Además en el fondo dicen que el punto G está en el culo. No puede ser tan malo -dijo Pablito. Todos consideramos que había hablado demasiado, pero por algún motivo Pablito siguió dando motivos para elegir a Beckham, demasiados motivos.

-Aunque la verdad es que el cabrón de Cristiano está como un tren, vamos como un puto armario -dijo Pablito-. Yo la verdad es que me quedaría con los dos -concluyó Pablito.

Aquello si era raro. Pablito nunca optaba por dos opciones y de hecho solía cabrearse mucho cuando alguien lo hacía. Había vulnerado su propia norma y lo que es peor había reconocido que le gustaría que cualquier de los dos le enchufase por detrás. Joder, Pablito estaba saliendo del armario. Después de tantas preguntas trampas absurdas por fin empezaba a entender muchas cosas. Habíamos bebido muchísimo como de costumbre y Pablito había empezado a cantar cuál gorrión.

-Joder. Pablito eres gay. ¡No me jodas! -dijo Cazo. Aquella reacción nos sorprendió a todos. Aunque Cazo era un bocazas de cuidado aquello sobraba. A pesar incluso del alcohol, todos menos el gilipollas de Cazo nos estábamos dando cuenta de que Pablito se estaba desahogando con nosotros y de que esa era su forma de salir del armario.

-Y seguro que además eres muerdealmohadas -dijo Cazo, estallando en una estruendosa carcajada. Aquello acabó de romperme los esquemas. Vi la cara desencajada de Pablito con los ojos llorosos, y por el rabillo del ojo observé como Frigo, lejos de mantener la compostura, empezaba a morderse el labio. El cabrón estaba a punto de reirse, y lo que es peor, yo con él.

Cazo tenía una risa contagiosa y duradera que podía durar minutos. Estábamos perdidos y lo sabía. Intente apretar los dientes lo más fuerte que pude, mientras veía como Pablito se hundía más y más. Frigo había estallado también en una carcajada y Cazo había vuelto a repetir la palabra muerdealmohadas. Contuve la respiración, al tiempo que Pablito se giraba hacía mi para comprobar si me reía. En ese momento y tras verle abatido como nunca, la mente me traicionó y estallé en una carjacada contagiado por mis dos amigos.

Pablito fue a  abrir la boca pero nada salió de su garganta. Se le habían acabado las preguntas trampa y  por lo que estaba observando también nuestra amistad. En ese momento le vi pequeño, minúsculo, como un hobit desamparado. Se engujó las lágrimas como pudo y salió del bar. Estuvimos otros diez minutos sin poder parar de reir. Una risa irracional, absurda y estúpida. Y sobre todo cruel, muy cruel. Pero una risa imposible de contener en aquellas circunstancias, con el cabrón de Cazo haciendo cacicadas y con esa risa tan contagiosa  y cabrona imposible de evitar.

Ninguno volvimos a saber nunca más de Pablito. Al tiempo me encontré con un conocido y me dijo que Pablito se había casado con su novia de toda la vida. En ese momento volvió a mi mente la cara de abatimiento de Pablito, y recordé nitidamente su expresión de desamparo ante nuestras carcajadas. Por fin había tomado la decisión más importante  de su vida, y parecía muy feliz me dijo.

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HdL-Historias de Lobo.Cap VII:entre lobo y la pared

Previously en Historias de Lobo: Cap VI

Otro viernes más. Hoy pillo fijo joder que ya llevo sin mojar ni se sabe. Eso si el cabrón de Frigo no hace de las suyas y acabamos a ostias con el primero que pase.

Llevaba ya un rato mirando a una tía que de vez en cuando miraba hacia el grupo. Suponía que era por el cabrón de Frigo, pero quien sabe, y más después de lo de Ramirez. Eran cuatro tías, el número perfecto para tres tíos, según la teoría de Frigo. Decidí azuzar un poquillo a Cazo que ya iba medio trompa, y le dije que una de las tías le estaba mirando.

-Es un buen grupo -me dijo Cazo- Vamos allá-. Apuró la copa como de costumbre, se pidió otra, y se acercó al grupo de posibles cachondas. Estaban demasiado lejos para apreciar su belleza, pero a esas horas de la noche cualquier tía está buena.

Le pregunté a Frigo si venía pero me dijo que él sólo iba de caza mayor. Menudo cabronazo, como que se estaba zumbando a una vecina suya y el día anterior se la había pasado por la piedra. Debía ser una máquina porque Frigo era insaciable y aquel día parecía que no tenía ganas de mambo.

Me acerque al grupo de tías y Cazo me presentó a varias. Después de pensármelo y ver su reacción me decidí por la que me había mirado. Había poco que perder. Era tarde y no tenía tiempo para gilipolleces, así que fui al grano. Me dejé de preguntas absurdas sobre trabajo, edad y demás coñas.

-¿Me estabas mirando antes verdad? -le pregunté. Ella se rió. Era un sí. La cosa iba bien. Decidí optar por la táctica chulesca, cooking and funny según Frigo.

-No te preocupes, me pasa a menudo. La verdad es que soy un tío irresistible. Y fíjate que yo también me he fijado en tí y me gustas -le dije, aparentando mucha seguridad. Aquello era de jugón total. Quizá por encima de mis capacidades. Tenía que aparentar que estaba cómodo en ese juego.

-Irresistible -dijo, y se rió. Aquello me sorprendió, pero al menos reía, un buen síntoma. Pensé que ya estaba todo dicho y que si le gustaba a esa tía antes, le iba a gustar ahora también. Estaba ya suficientemente cerca.

Era el momento. Ella estaba casi apoyada contra la pared y había muy poco espacio entre nosotros. No tendría espacio para reaccionar. Tocaba hacer un ataque rápido, casi felino, sin tiempo a su reacción. No tendría espacio para hacer la cobra, al menos en su versión pura, esto es, hacia atrás. Si quería escapar, tendría que recurrir a movimientos casi desconocidos, al alcance de muy pocas.

Le lancé los morros como decía mi amigo el negro. Siempre recuerdo sus palabras en una lejana noche de verano: “Métele los morros como si fuese un Kalipo”. Muy gráfico. Lo tenía claro. Estaba de camino hacía el objetivo. La cobra no era posible y la chica tenía cara de  querer disfrutar de una noche de lujuria. Estaba más cerca del objetivo que nunca y avanzando. Apenas me quedaba el 10% de distancia por recorrer, cuando de repente noté  como mi cuerpo no podía avanzar. Moví el cuello hacia delante pero no tenía el impulso necesario. Decidi tirar de la espalda, pero inmediatamente note  una presión en el pecho. Miré hacia abajo y vi las dos manos de la tia en mi pecho.

-No. No quiero -me dijo la tia. Joder, a falta de la cobra había recurrido a pararme en seco. Un recurso poco conocido,pero a la vista de los resultados eficaz. En ese momento pensé que la noche se había acabado, pero a continuación recordé una situación similar de Frigo. En aquella situación Frigo tuvo la sangre fría de perguntarle si estaba segura para a continuacion meterle de nuevo los morros.

Decidí hacer lo propio. Retire sus manos, y volví a la carga. Estaba vez noté algo más que un impacto. Directamente me empujó. Mierda, me había olvidado preguntarle si estaba segura. El empujón me desplazó unos metros y caí en el suelo. Más que la fuerza del empujón fue la cantidad de alcohol la que me había desequilibrado. Cazo me miró sorprendido y pude observar como a lo lejos Frigo se descojonaba.

Me levanté muy digno. Aquello no iba a quedar así. Si Frigo lo había conseguido yo también. Me acerque a la tia y estaba vez si le pregunté:

-¿Estas segura? -dije.

-Segurísima. Tengo novio y paso de tonterías -me contestó.

-Joder habérmelo dicho antes. De todas maneras, ahora que te veo de cerca no estás ni buena. Y si a estas horas y con la cantidad de copas que llevo no estas buena no me quiero imaginar mañana por la mañana. Que te den a ti y a tu novio -dije, para a continuación acabar mi copa y lárgarme del local.

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HdL-Historias de Lobo.Cap VI: Frigo y la valenciana

Previously en Historias de Lobo: Cap V

Madrid, 2010, un bar cualquiera.

Otro viernes más. Hoy hemos empezado suavecito, con unas birritas, como a mi me gusta mientras veo el fútbol.

-Menudo coñazo de partido chavales -dijo Frigo.

-Para tí todos son un coñazo, si no te gusta el fútbol. Tú sólo vienes aquí a beber y a pillar -le dije yo.

-No te falta razón. Oye, ¿y quien juega? -preguntó Frigo.

-Real Madrid y Valencia -respondió Cazo.

-Valencia sí -dije yo- que recuerdos, ¿verdad Frigo?-. Frigo se descojonó .

Londres 2007, cualquier pub inglés.

Estaba concentrado en mi pinta. Una rubia de Carslberg, barata y tasty como dicen los ingleses. Le eché un vistazo al bar. Estaba lleno de seguidores del Arsenal con sus inconfundibles camisetas fucsias. No gritaban demasiado. Aquello me sorprendió. Miré el marcador, todo encajaba.

-¿Como van? -preguntó Frigo.

-¿Que más te da? -contestó Cazo con bordería. Le sacaba de quicio Frigo cuando hablaba de fútbol. Su única intención era tocar las pelotas y lo hacía muy bien. Como no le gustaba el fútbol siempre decía que le gustaba el otro equipo para molestar. Nosotros le teníamos calado pero había conseguido sacar de quicio a mucha gente, aunque también es verdad que con la excusa de ir con el otro equipo se había beneficiado a alguna tía. Nunca supe como lo hacía pero primero las sacaba de quicio con su rollo “cooking and funny”, y luego las conquistaba.

-Me interesa mucho más de lo que crees. La semana pasada estuve con una valenciana y si gana el Valencia seguro que estará de buen humor -contestó Frigo, esbozando una sonrisa picarona.

-Empatan a uno. Con este resultado habría prórroga -contesté. Vi que Frigo asentía pensativo y empecé a preocuparme. Le conocía muy bien y sabía que tenía algo en mente. Habíamos ido a Londres a visitar a Hugo que estaba de Erasmus, y desde el viernes Frigo estaba especialmente callado.

Decidí concentrarme nuevamente en mi pinta. Todavía me quedaba más de la mitad y pensaba disfrutarla hasta la última gota. Le eché un vistazo a la pantalla. Atacaba el Valencia. Minuto 89, y parecía que la prórroga estaba asegurada. En ese momento el balón cayó en el área del Arsenal. El pub estaba en silencio. No se oía ni el tintineo de las jarras de cerveza. El balón estaba en el aire a punto de ser despejado por un defensa inglés. Al mismo tiempo saltó uno del Valencia. El balón cayó en los pies de un delantero del Valencia. Vi a lo lejos como una inglesa abría la boca conteniendo la respiración. El delantero remató a puerta y el balón entró en la portería. Miré al marcador. Minuto 90. Silencio de nuevo. Es hora de volver a mi jarra de cerveza.

En ese momento, veo de reojo como Frigo se levanta del taburete. Algo va a pasar y empiezo a sospechar lo que es. Oigo un grito:

- GOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLL -aulla Frigo como si le fuese la vida en ello. A la vez que grita con todas sus fuerzas está saltando agitando las manos. Hace el amago de abrazar a Cazo pero éste le aparta con el brazo. Hugo cede sorprendido a la euforia de Frigo. Yo en cambio miro alrededor y empiezo a notar las miradas de odio.

Noto un golpe en mi mano y veo como mi preciada jarra de cerveza se escurre de mis manos. Intento salvarla de la caída pero los reflejos no son los mismos después de dos pintas. Mientras sigo el rumbo de la jarra veo como Frigo se ha quitado el jersey, golpeándome por el camino. Ahora ya si tengo claro su plan. Frigo sigue gritando mientras besa el escudo de su camiseta del Valencia. Todo un acto de provocación.

Decido olvidarme de mi cerveza y concentrarme en mi integridad física. Después del espectáculo de Frigo ya somos todos potenciales seguidores del Valencia. Estamos jodidos. Observo varias mesas. Todos nos miran. Recorro con la mirada la mesa más cercana.  Un padre y un hijo, no hay peligro. En la siguiente mesa sí percibo el odio extremo. Tres hombres fornidos, con cara de mala leche y sus novias. La presencia de las mujeres me tranquiliza.Quizá haya suerte.

A lo lejos veo como se levanta un hombre. No parece grande y a medida que se acerca me recuerda más a un escocés que a un inglés. Es pequeño y pelirrojo. Se acerca peligrosamente. Gira 45 grados y en un movimiento relámpajo se sitúa enfrente de Frigo. Este le mira entre sorprendido y preparado para lo peor.

Madrid, 2010, cualquier bar.

Frigo se tocó la cara. Le dolía de tanto reirse.

-La verdad es que dentro de lo que cabe, ¿ tuvimos suerte no? -dijo Frigo.

-Ni lo dudes -respondí, riendo sin poder parar.

-Al fin y al cabo, aquel puñetazo no estaba destinado a percutir en mi cara. Habría truncado mi carrera de ligón de playa -dijo Frigo.

-No me puedo creer que tuvieses los reflejos de apartarte. Increíble -dijo Cazo.

-El que tuvo menos reflejos fue Hugo, pobre diablo -dije yo-. Si no hubiese estado presente jugaría que es la típica historia de película.

-De todas maneras su vida nocturna no habría sido muy diferente con dos dientes más -concluyó Frigo.

Nos reirmos los tres y decidimos seguir la noche entre copas y más anécdotas.

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HdL-Historias de Lobo. Cap V: las gemelas y yo

Previously en Historias de Lobo:Cap IV

Otro viernes más. Hoy sin embargo tenemos novedades. Frigo se ha presentado en el bar con su última conquista, y lo que es más importante con sus amigas. Tres concretamente, dos de ellas hermanas y gemelas. No son las típicas gemelas cachondas de película americana pero no están nada mal, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren de sequía y crisis. La tercera en discordia es una tía,  sin más.

Cazo y yo decidimos abrir el frente de ataque con las dos gemelas. Margarita y Rosa se llamaban. Los padres habían tenido la simpática ocurrencia de ponerles a sus hijas nombres de flores. Si tenían un hermano como lo llamarían,  ¿tulipán? o ¿quizá  loto?. Me imagino la escena: un maromo impresionante de 4 x 4 con una vocecilla que dijese: buenos días, soy loto.

Anyway, nombres aparte, la noche estaba servida y teníamos que empezar a sumar puntos. La mejor manera de sumar puntos es restándoles capacidades a las presas. En roman paladino, emborrachándolas. Cazo, que es un hombre pudiente tiró de chequera, y como excepción pillamos un par de jarras de sangría, que sube muy rápido y tiene efectos devastadores en las mujeres. Aquello era, según Cazo, una inversión y no un gasto, conceptos muy distintos según su excéntrico profesor, Paquito Costes. Yo no entiendo un carajo de economía y me da igual. Para mi lo importante es el resultado final. ¿Hay beneficio o hay pérdidas?

Aquella noche me esperaban beneficios. Por la mirada que tenía Cazo de concentración parecía que él tenía las mismas expectativas. Decidí dejar de pensar en teorías económicas y centrarme en mi gemela.

-Y dime Violeta, a que te dedicas -le pregunté. Me miró raro. No entendí bien porqué. Quizá estaba en paro o quizá estaba todavía estudiando y le daba verguenza. Qué se yo.

- Soy ingeniera química -me respondió secamente. Traté de indagar en mi cerebro si sabía algo de aquello, pero definitivamente era un mundo totalmente ajeno a mis conocimientos. Decidí optar por la táctica de cooking and funny de Frigo que nunca fallaba.

-Vaya, que interesante. Oye, la verdad es que te sonará un poco absurdo pero me resultas bastante más guapa que tu hermana -le dije, esperando un efecto mágico. El impacto fue inmediato y percibí como en su rostro aparecía una sonrisa. A partir de ese momento la playa estaba conquistada. El día D estaba siendo un éxito total.

La noche continuó con más bromas, alcohol y risas. Un camino de rosas para un veterano de la guerra como yo. Lo más difícil estaba hecho. Decidí atacar en el flanco más débil y preparé a mis mejores hombres para la batalla final.

-La verdad es que… -la gemela me levantó la mano interrumpiendo y me dijo que se iba al baño. Obviamente la estaba esperando su hermana que por lo visto no estaba disfrutando demasiado de la conversación de Cazo. Nunca se le habría ocurrido ir sola al baño sin su hermana gemela , y más pudiendome joder la conversación.

-Joder lobo, esta tía no quiere conmigo. Ya te dije que teníamos que habernos emborrachado antes. No me veo nada suelto. ¿Tú como vas? -me preguntó.

-Esto está hecho tio. A la Violeta esta me la hago seguro. Me voy al baño que la mierda de sangría ésta baja que no veas, y necesito estar fresco para el asalto final -contesté.

Al volver vi a mi gemela a la espera. Cazo parecía que había recuperado las fuerzas y atacaba con más energías  a la otra gemela. Quizá ayudase también el copazo que se había ventilado de un  trago antes de irme yo al baño. Tenía una nueva copa a medio camino. Este sí era Cazo.

En todo caso, aquella no era mi guerra. Tenía un frente de ataque muy claro y no pensaba ceder ni un milímetro, más bien al contrario. Me acerqué a mi gemela y empecé de nuevo con mi cooking and funny game para volver al punto de partida que tenía antes de irme al baño. No podía llegar y meterle los morros de repente. Necesitaba retomar mi chispa de antes. Otro trago y a la carga.

Aquello no iba bien. Joder parecía como si me hubiesen cambiado a la gemela. Estaba más fría y más distante que antes. Seguramente su hermana le habría dicho en el baño que Cazo era un pesado y estuviesen pensado en irse. Eso sí, mientras Frigo se estaba poniendo las botas en la esquina de enfrente. Decidi recurrir al truco de antes.

-¿Donde puedo conseguir esos ojos tan bonitos? ¿te los compro?-dije para seguir a continuación -. No en serio Violeta, te lo dije antes y te lo repito, te veo más guapa que tu hermana, ¿es posible? -pregunté.

De repente vi un nubarrón aproximarse. Se cambió el gesto de su cara, que hasta entonces sin ser relajado no era al menos violento, y me fulminó con la mirada para decirme a continuación:

-Dos cositas que te queden muy claras.Una, ni yo ni mi hermana nos llamamos Violeta  y otra, poquito te fijas en mis ojos  si me has dicho antes que era más guapa que mi hermana porque ahora no estás hablando con ella, capullo.

Me quedé helado. La había cagado big time. Nuevamente el alcohol había mostrado lo peor y lo mejor de mi mismo.Tan cerca pero tan lejos No me había fijado que las gemelas se habían cambiado y por eso mi gemela había estado tan rara. Un error de cálculo que había resultado fatal. La guerra estaba perdida.

A continuación las gemelas hablaron y sin despedirse de ninguno de los dos se piraron. Nos quedamos Cazo y yo mirándonos sin saber bien que decir. En ese momento oímos una voz.

- ¿Nos vamos a otro garito? -dijo una voz femenina. Cazo y yo miramos a la tia sin saber muy bien de donde salía. Por lo visto nos la habían presentado al principio y llevaba ahí toda la noche sin decir nada.

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- ¿Y tú eras, Maria? – intenté adivinar  con el nombre más común, en un desesperado intento por no perder el último tren que me quedaba.

-No, me llamo Violeta, so capullo -contestó.Y como vino, se fue.

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HdL-Historias de Lobo. Cap IV: Ramirez y la sorpresa.

Previously en Historias de Lobo:Cap III

Otro viernes más. Hoy se une al terceto de la muerte (Frigo,Cazo y yo)  el freaky de Ramírez. Es un freaky al estilo “the Big Bang Theory”; un tio que además de ser muy listo,  le gustan desde el señor de los anillos, matrix, pasando por Hulk, Star Treck, y acabando en todos los juegos de roll del mundo. Vamos, un freaky total.

Ramírez apenas sale de juerga, pero de vez en cuando le convencemos. Suele ser cada tres o cuatro meses después de que nos actualice con las últimas series y películas. El disco duro de Ramirez es interminable.

Ramírez no tiene mote aunque le llamamos por su apellido que es como nos solíamos llamar entre nosotros en el colegio. Es un amigo de la infancia, y a pesar de ser un tío manifiestamente raro, es buen chaval y siempre nos sorprende con alguna anécdota.

Ramírez no bebe. No porque no le guste sino porque tiene el estómago delicado y el alcohol le sienta fatal.Eso no quita que haya compartido alguna borrachera curiosa con nosotros. Sin embargo, normalmente aguanta una o dos horas y se recoge. Menudo despercidio de juventud.

-Cuatro tías a estribor -dijo Cazo.

- Cuatro para cuatro, una mala combinación -respondió Frigo.

-No me jodas con tus absurdas teorías Frigo -dije yo-. Vamos al tema. Os sigo.

-Yo no voy -dijo Frigo-. No por mi sino por vosotros. La teoría dice que siempre hay que entrar a un grupo en el que haya una tia de sobra. Así se crea una competencia entre ellas.

-Déjate de chorradas. Son cuatro: una es fea y queda descartada. Como Ramírez no pilla somos tres. Tú como siempre -dijo Cazo mirando a Frigo-  te pillas a la rubia cachonda, y con las otras dos ya nos pelearemos lobo y yo.

-Me vale -dijo Frigo. Y a continuación se acerco al grupo. Dominaba el cabrón la escena como pocos. Una broma aquí ,un chacasrrillo allá y ya las tenía a todas encandiladas. Nosotros íbamos detrás, a la espera de recoger las sobras. El se fue a por la rubia, y Cazo y yo nos repartimos a los otras tres, con Ramírez más rezagado, tímido como siempre con las mujeres, casi apartado de la escena.

La caza había empezado y quedaba lo más difícil. Poco a poco íbamos arrinconando a las presas, pendiente siempre de Frigo que era el que normalmente, o sea siempre, se llevaba a su target aparte. Sin embargo, Frigo era incapaz de imponerse, y por primera vez en mucho tiempo le veia dudar. Se me acercó un segundo y me dijo:

-Joder Lobo, la rubia no cede.

-Yo aquí estoy a pico y pala a saco, no puedo ayudarte. Búscate la vida por una vez -le respondí rápidamente, temeroso de perder el hilo de conversación con mi presa.

De repente vi como la rubia se acercaba a Frigo y le preguntaba:

-No me presentaís a vuestro otro amigo.

-¿A quién? -dijo Frigo mosqueado.

- Al de las gafas, que está ahí -dijo señalando a Ramírez.

En ese momento exacto supe que aquella noche no era normal. La más cachonda del grupo se había fijado en Ramirez, despreciando al guaperas de Frigo, y además se había permitido el lujo de humillarle preguntándole por otro amigo. Acojonante. Decidi aflojar a mi presa para no perder detalle de lo que pasaba a continuación.

Les presentaron, con sus dos besos correspondientes, y comenzó una convesación que desde la distancia parecía muy fluida.

-Entonces, ¿lo has visto? -me preguntó la morena que un minuto antes tenía el ciento diez por ciento de mi atención.

-Perdona, no te he oído, es que la música está altísima -intenté disimular.

-Nada da igual -contestó la morena molesta- ¿Tu amigo el de las gafas es un poco freaky no? -me preguntó. Aquello me sorprendió. Así que se había dado cuenta de que estaba pendiente de Ramírez.

-Pues sí, sí, un poco, ¿como te  has dado cuenta? -le pregunté.

-Pues aparte de que tiene toda la pinta, normalmente  cuando mi amiga  habla de esa manera con alguién es porque es un poco freaky-dijo mirando a la rubia que hablaba animadamente con Ramírez.

-¡Ah! -exclamé. Cuando en realidad pensaba: “no me jodas, que me estás contando“- ¿Qué quieres decir, que le molan los freakys? -pregunté.

-Sí. Normalmente sí. No es que ella lo sea, pero le resultan interesantes los tíos que son listos y un poco raros. No me preguntes porqué -me contestó, a la vez que levantaba los hombros en señal de su desconocimiento.

Aquello si que era una noticia bomba. Ramírez iba a pillar. No sabía si seguir con mi morena o actuar de alguna manera para facilitarle la tarea a Ramírez. Al final decidí que la naturaleza siguiera su curso. Si Ramírez estaba destinado a pillar aquella noche, pillaría.

Ramírez abandonó el local con la rubia.

Epílogo. No he vuelto  a ver a Ramírez desde entonces. Seguramente le veamos en el bar dentro de un  par de meses más o menos. O quizá esté saliendo con la rubia y tardemos años en volver a verle. Tiene mucho tiempo que recuperar.

Solamente sé que jamás he visto a Ramirez  como aquella noche. Cuando salía del local se giró hacia nosotros, y sonríó como nunca. Una sonrisa  picarona que junto el brillo de sus ojos solamente podían significar una cosa. Ramírez había triunfado.

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